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Tras algo más de un año al frente de Indra, Ángel Escribano ha podido presentarse delante de los analistas con unos resultados que han hecho pedazos incluso las más elevadas expectativas sobre el desempeño de la empresa.

Las cuentas hablan de un incremento de beneficios del 57%. Y de una facturación muy superior a la esperada, gracias al impulso de la compañía en el segmento de Defensa.

Con todo, lo más positivo que se puede decir de Indra es que lo mejor está por venir. A la empresa se le ha quedado pequeño el traje que diseñó en 2024, aún bajo la presidencia de Marc Murtra, focalizado en ampliar horizontes con una decidida apuesta por el segmento de Espacio.

Con Escribano, Indra no ha abandonado estos planes. La adquisición de Hispasat y el control de Hisdesat abren un camino con estimulantes expectativas. Tampoco ha dejado de lado la firme apuesta por la gestión del tráfico aéreo, ámbito en el que cada vez está más cerca de ser el líder mundial, con permiso de la francesa Thales.

Pero además, el grupo participado por el Estado ha dado varios pasos firmes hacia adelante para convertirse no sólo en el máximo referente de la industria en España, sino en un protagonista relevante en el terreno europeo. Y lo ha hecho, además, en un momento crucial, cuando buena parte de los gobiernos del Viejo Continente están haciendo suyos los postulados de la OTAN acerca de incrementar y acelerar el gasto en Defensa. 

En un escenario como este, quedarse atrás supone perder un tren que, con toda probabilidad, no volverá a pasar. Doce meses después, Escribano ha demostrado que no iba de farol cuando apuntó a adelantar dos años sobre lo previsto, esto es, a 2028, la meta de facturar más de 10.000 millones. De momento, el objetivo para 2026 ya se sitúa más allá de los 7.000.