Montcada i Reixac necesitaba una respuesta. Urgente. No solo por una cuestión de imagen o de agenda política, sino por algo mucho más básico: la vida cotidiana de sus vecinos y la supervivencia de sus comercios.
Durante semanas —meses, incluso— la ciudad ha vivido atrapada en un bucle de robos, hurtos y episodios de inseguridad que han ido erosionando la confianza en el espacio público.
En ese contexto, la reunión impulsada por el alcalde, Bartolomé Egea, con la consellera de Interior, Núria Parlon, mandos policiales y responsables de las policías locales era no solo pertinente, sino imprescindible.
Llega, además, con un mensaje claro: existe voluntad institucional de atajar el problema y de coordinar esfuerzos. Sobre la mesa, medidas concretas y un marco más amplio, como el plan contra la multirreincidencia que impulsa la Generalitat.
Pero hay un matiz que no puede obviarse: la respuesta llega tarde.
No porque no sea válida —lo es—, ni porque no pueda dar resultados —probablemente, los dará—, sino porque se activa cuando el malestar ya ha escalado. Cuando los vecinos han normalizado el miedo y los comerciantes han asumido que pueden ser los siguientes. Cuando la sensación de abandono ha calado.
Ese es el principal deber del gobierno municipal: haber reaccionado cuando la presión ya era insostenible. La seguridad, especialmente en municipios tensionados por la multirreincidencia, no admite tiempos largos ni respuestas diferidas. Requiere anticipación, presencia y contundencia desde el primer síntoma.
Ahora bien, también sería injusto no reconocer el paso dado. La implicación de la Generalitat, la coordinación policial y el reconocimiento explícito del problema son señales en la buena dirección.
La clave, a partir de ahora, será sostener esa respuesta en el tiempo. Que no quede en una foto ni en una reunión puntual. Que se traduzca en más presencia policial, en actuaciones visibles y, sobre todo, en resultados que devuelvan la tranquilidad a quienes llevan demasiado tiempo viviendo con la persiana medio bajada.
Porque en seguridad, llegar tarde tiene un coste. Pero rectificar, si se hace a tiempo, aún puede marcar la diferencia.
