Las agresiones a funcionarios en las cárceles catalanas son cada vez más violentas. Está claro que los protocolos de la Generalitat, que tiene las competencias de los servicios penitenciarios, no funcionan. La tensión va en aumento, los sindicatos han denunciado la situación en numerosas ocasiones y, si no se pone remedio, el polvorín en que se han convertido las prisiones explotará.