"Mata un pijo, libera una casa": con esta pancarta son recibidos los asistentes a la Festa Major Alternativa de Sarrià, uno de los barrios de Barcelona con más pijos per cápita.
Los jóvenes detrás del eslogan han encontrado una fórmula poco sutil para remediar la crisis de la vivienda a la que se enfrentan. No invitan a negociar con el casero, ni siquiera a okupar o ir a la huelga; el cartel dice "matar".
Conviene detenerse en el verbo. En un debate público acostumbrado a las metáforas bélicas —la guerra, la lucha de clases, la batalla—, la consigna señala directamente a una persona como objetivo de la violencia. El "pijo", como obstáculo a eliminar para obtener una vivienda.
Según los datos de la Generalitat, el alquiler medio en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi alcanzó los 1.599,89 euros mensuales en el primer trimestre de 2026, frente a los 1.137,35 euros del conjunto de Barcelona. Una diferencia que ilustra la presión inmobiliaria que atiza gravemente una de las zonas más acomodadas de la ciudad.
Una cosa es denunciar la especulación inmobiliaria y otra presentar el homicidio como atajo para resolverla. La primera discusión exige políticas públicas, vivienda protegida o límites a los abusos del mercado; la segunda exhorta a violar el derecho natural a la vida.
