Florentino Pérez fue testigo de otra debacle, una más esta temporada, del Real Madrid en el Santiago Bernabéu. El Girona, que pasó de puntillas en la primera parte para emerger como un terremoto en la segunda, venció por primera vez en su historia en el templo blanco pese a ser su segunda temporada en Primera División. 

El presidente fue un espectador más, de los 67.000 aficionados que se desplazaron hasta el estadio, de cómo su equipo se dejó llevar ante un marcador favorable, pero corto ante un equipo en crisis resultadista, pero con un juego envidiable.

Rotaciones

Muchos lo achacan a las rotaciones que dio Santiago Solari en víspera de una semana limpia sin compromisos intersemanales. El técnico argentino decidió dar entrada a los menos habituales y dar descanso a los que se han convertido en sus apuestas personales –y con razón– pero el equipo no respondió ante la falta de la electricidad que aporta Vinicius –que cabe recordar que tiene 18 años– o la seguridad que dan en defensa Reguilón y Carvajal. 

Marcelo volvió al once titular ante un partido, a priori, asequible, pero naufragó tanto como lo hizo su homólogo, Odriozola, en la banda derecha. Ambos se proyectaron en ataque, su especialidad, pero perdieron la espalda en infinidad de ocasiones y dieron alas a la velocidad e imaginación de Portu y Stuani al espacio, los goleadores de la mañana. Los dos laterales suspendieron.

Una foto de Odriozola durante el partido ante el Girona / EFE

Una foto de Odriozola durante el partido ante el Girona / EFE

Portu amargó la segunda parte del vasco y Marcelo confirmó su condición de agujero en la banda izquierda. Le falta forma física y en el segundo tanto catalán salió en la foto tras no acudir al rechace de Courtois.

El medio no es lo mismo sin Modric

Quizás es el Balón de Oro más mediático de los últimos años, pero es innegable que el Real Madrid tiene una cara con él y una cruz en su ausencia. A Kroos le faltó su mejor aliado para liderar el juego ofensivo de los blancos. El guante que tiene en la bota le valió para servirle el tanto a Casemiro, pero le faltaron aliados para contener a los rojiblancos.

Ceballos reclama constantemente oportunidades, pero la tuvo y la volvió a desaprovechar. Sin asumir riesgos, no sustituyó la figura que supone el croata para el equipo, algo que se sumó a la mala mañana de Casemiro. 

Marcó, pero su espalda fue un caramelo para los de Girona. Vendió a su defensa, que tampoco tuvo su mejor día con Ramos como principal señalado, como cerrojo del equipo y así acabó el encuentro. 

Sin chispa arriba

Con Benzema como intocable, vista su buena relación con el gol en los últimos encuentros, Solari apostó por Asensio y Lucas Vázquez. El balear no dio continuidad a lo que exhibió en su tierra natal frente al Ajax, y el gallego estuvo más desaparecido de lo habitual. Ninguno de los dos fue capaz de nutrir a Benzema en el área, ni tampoco poner en apuros a Bono. Solo Lucas se sacó de la chistera una jugada de ensueño que el guardameta del Girona frustró. Hubiera sido el gol de la jornada, pero su desencuentro con el gol se mantiene. 

Una foto de Karim Benzema durante el partido frente al Girona / EFE

Una foto de Karim Benzema durante el partido frente al Girona / EFE

Las suplencias se justifican cada vez más en la casa blanca en dorsales que llevan nombres incuestionables. Asensio volvió a su pasividad, Ceballos a su intermitencia, y Marcelo, Casemiro y Ramos dieron signos evidentes de cansancio. El paso de los años es innegables para combatir la velocidad de unos delanteros que necesitaban tres puntos como agua de mayo.

Lo de Bale es para comer aparte. Descansado frente al Ajax, donde solo jugó un ahora de partido, entró como revulsivo con Vinicius y como si estuviera en su casa. Dejó un disparo desde la lejanía y su crisis particular aumenta. 

Así la revolución veraniega de Florentino se llevará a más de uno.