Fue un fichaje inesperado, pero que generó ilusión en el barcelonismo. Malcom Oliveira aterrizó en la capital catalana sin rumores, sin sospechas y tras una jugada maestra de la dirección deportiva. Lo tenía hecho con la Roma, pero el Barça le tentó y el jugador aceptó el reto. Un desafío mayúsculo para el futbolista del Girondins que pese a la fe que mostró --antes y durante toda la temporada-- de triunfar de azulgrana, se vio relegado al banquillo y la grada jornada tras jornada en detrimento de los dos fichajes más caros de la historia del club: Philippe Coutinho y Ousmané Dembelé.

Valverde lo dejó claro en los despachos y mantuvo su postura en el terreno de juego: no era un fichaje demandado y no contaba con él. Una situación que ha privado a la afición de ver las virtudes y defectos de un joven de 22 años con un futuro más que prometedor y que del que tan solo se recuerdan destellos. 

El jugador tiene claro que no quiere salir este verano, pero sus aspiraciones no coinciden con las ideas de parte de la directiva. Con su salida en el aire y siendo una opción clara para el club para cuadras las cuentas antes del 30 de junio y recuperar la inversión de 41 millones de euros, el año de Malcom se resume en dos estados.

De héroe al anonimato

Así se pueden describir las distintas fases por las que ha pasado Malcom durante la temporada bajo las órdenes del Txingurri. Desde el vestuario azulgrana siempre han destacado su sacrificio y esfuerzo constante. Sin malas caras, malas palabras y entregado a la causa de convertirse en una estrella en el Camp Nou. 

Malcom lamentando una ocasión con el Barça / EFE

Malcom lamentando una ocasión con el Barça / EFE

Pero en ocasiones la esperanza no lo es todo. La falta de oportunidades han marcado la evolución de un jugador que solo ha sido una alternativa real en dos escenarios: partidos de menor exigencia u importancia y partidos con falta de efectivos de primer nivel. Debutó en partido oficial ante el Valladolid en la segunda jornada de Liga. 

El técnico extremeño le dio seis minutos para aguantar el gol de Dembelé. Volvió a escena ante el Leganés durante 20 minutos, pero los azulgranas no pudieron pasar del empate. Y tras otras cinco jornadas en el dique seco, reapareció ante el Betis como titular.  Ausencias y presencias muy discordantes que no dieron continuidad al brasileño en Liga. La Copa se presentó como su refugio, pero con el resto de suplentes tampoco pudo brillar con luz propia. 

El momento

Tras meses de frustraciones, Malcom se convirtió en el héroe del barcelonismo. De nuevo desde el banquillo, entró con el marcador a cero ante el Inter de Milán para marcar su primer gol europeo en su debut. Y pese al gol y el descaro que mostró en apenas 20 minutos Valverde volvió a relegarle al banquillo. La lesión de Messi también le permitió adoptar mayor protagonismo, pero con cuenta gotas. 

Malcom rompe a llorar tras marcar contra el Inter de Milán / EFE

Malcom rompe a llorar tras marcar contra el Inter de Milán / EFE

Su presencia en el verde ha dependido siempre de la disponibilidad del resto. La ausencia de Dembelé le volvió a dar la titularidad en Copa ante el Madrid. De nuevo otro gol importantísimo y como no, otra vez relegado al banquillo. De la final de esa competición disputó los últimos 45 minutos con el marcador en contra, pero la Liga la terminó con tan solo 608 minutos repartidos en 15 partidos de los 3.420 posibles en 38 jornadas en las que ha marcado un gol. 

Sensaciones

Malcom no ha enamorado a nadie, pero tampoco ha podido. La escasez de minutos y la falta de continuidad han lastrado a un jugador que a final de temporada ha acusado la falta de protagonsimo. El carioca ha vivido en la sombra, injustamente o no, de dos jugadores constrastados pero que han aportado tan poco o igual que Malcom. Mientras Dembelé le arrebató el puesto a Coutinho, las lesiones constantes del francés le han vuelto a impedir destacar otra temporada más de azulgrana. 

Su compatriota, por su parte, ha empeorado su imagen y su juego según pasaban las jornadas en una posición en la que no está cómodo y en la que encaja a la perfección Malcom. Un año de pequeñas luces, y muchas sombras, alrededor de un jugador con un futuro muy incierto. Valverde parece que continúa en sus trece. No cuenta con él, pero su deseo de seguir es evidente. Un primer año desesperanzador para un jugador ejemplar.  

Es hora de tomar decisiones. Por un lado la dirección deportiva y por otra el jugador que, difícilmente, aguantará otro año como este.