Volvía la Champions League al Camp Nou tras dos meses de espera y con ella todas las esperanzas que se han depositado en una competición que es el objetivo principal y obsesión de un vestuario que se conjuró a principios de temporada para noches como esta. 

El resultado de la ida (0-0) exigía la máxima concentración colectiva de todos y nadie defraudó. Ni el equipo, ni el cuerpo técnico, ni, sobre todo, la afición. El Barça supo imponerse con una manita al Olympique de Lyon y también supo sufrir cuando los franceses recortaron distancias y pusieron, por momentos, el miedo en el cuerpo al Camp Nou.

Pero ni con esas. El estadio fue una olla a presión, siempre al estilo catalán y iniciado por la grada de animación, que no respiró ni un segundo para dejar de alentar a su equipo. De hecho, cuando los azulgranas más sufrían, así como también los más de 90.000 aficionados del estadio, fue cuando más apoyo recibió el equipo. 

Hubo goles para todos --los cuatro fantásticos y el central con alma de delantero, Gerard Piqué-- y todos escucharon como la grada coreó sus nombres cuando llegó su turno. 

Entregados

Pero más allá del nombre de Messi, Philippe Coutinho o "uruguasho", la grada se vació ante su equipo. Un pacto no escrito, pero de obligado cumplimiento en el partido más importante para el devenir de la temporada azulgrana. 

Desde el pitido inicial --incluso antes-- hasta el final del encuentro la grada de animación se encargó de contagiar al resto de aficionados del espíritu europeo. Ese factor indispensable para amedrentar al rival en las grandes citas. Tuvo efecto, así como el juego del Barça, que humilló al Lyon en una primera parte excelente. 

Sin rematar el partido y con el gol en contra llegaron los miedos de todos. Y ahí fue donde de nuevo, la afición demostró que se han acabado los miedos y los tiempos cenizos. Fue entonces cuando más se animó, más se aplaudió y más se exigió al equipo que respondió con tres goles en apenas eocho minutos.

El Camp Nou, dividido

Corría el minuto 88 y con la victoria sentenciada, la grada de animación se acordó del eterno rival. Con el Real Madrid eliminado de la competición europea y al ritmo de palmas corearon "Madridistas hijos de p...". La única acción reprochable a una parte de una afición que se vació por el equipo. 

Tan desacorde estaba el campo que al otro lado, en el gol sur, se escucharon silbidos para intentar reprimir esos cánticos y protestar ante esa actitud. 

Unas diferencias que no se vivieron al inicio del partido. Al unisono, el Camp Nou si decidió mantener sus protestas contra la UEFA y pitó, como hacía tiempo, el himno de la Champions. Duró la totalidad del himno y llegó a ser ensordecedor incluso con la llegada del estribillo. 

Sin incidentes

También hubo paz entre los aficionados franceses y azulgranas dentro del estadio. Pese a los incidentes ocurridos horas antes del encuentro, los Mossos d'Esquadra vigilaron intensamente a los más de 5.000 aficionados lyonnaises desplazados. Ni bengalas, ni petardos, ni agresiones. 

El juego azulgrana acabó con sus ilusiones durante casi todo el partido. Tan solo el gol de Tousart levantó a la última gradería y animó a su equipo, pero como siempre, duró hasta que Messi quiso. Se acabó la fiesta con el 3-1 y siguió para el barcelonismo hasta llegar a la manita. 

El Barça y la afición esperan rival de cuartos con las mismas ganas. Ahora, toca descansar las gargantas para volver a gritar en varias semanas.