Joan Laporta, junto a Rafa Yuste y el resto de directivos del Barça en la toma de posesión como presidente EFE
Laporta no quiere cometer el error de 2010: prepara a su heredero con 5 años de antelación
El presidente del Barça allana el terreno para el relevo de Rafa Yuste con más estabilidad que en una primera etapa repleta de dimisiones y altibajos
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El presidente del FC Barcelona, Joan Laporta, afronta un último lustro de mandato que volverá a estar repleto de retos. El club azulgrana tendrá que ampliar a corto plazo el crédito para terminar la reformar del Spotify Camp Nou a la par que salda los primeros vencimientos de intereses con Goldman Sachs y el resto de inversores del Espai Barça. El abogado catalán no podrá presentarse nuevamente en las elecciones de 2031, porque los estatutos prohíben ejercer un tercer mandato consecutivo.
Rafa Yuste ha hecho los primeros pinitos representativos como presidente interino de la entidad durante cuatro meses. Laporta prepara el relevo de su amigo íntimo para que la junta directiva siga una línea continuista en la próxima década y evitar así la transición de 2010. El vicepresidente deportivo del último mandato ya se metió en el bolsillo a los senadores con su discurso de condena contra las acusaciones de Florentino Pérez por el caso Negreira.
"Me gustaría ser presidente"
"Me gustaría ser presidente del FC Barcelona. Ahora será en estos próximos años Laporta, pero no descarto presentarme en las próximas elecciones. De hecho, me gustaría", afirmó Yuste en el día que la nueva junta directiva ejerció el relevo. El presidente interino lanzó el anzuelo para comenzar a preparar la sucesión.
Rafa Yuste, en la toma de posesión de la junta directiva del Barça
En este paréntesis de cuatro meses Yuste ha liderado la defensa barcelonista contra los intentos de desprestigio del Real Madrid. El ya expresidente recibió un sonoro aplauso de los senadores en el Auditori 1899 cuando aseguró que el club demandaría al presidente merengue por sus declaraciones: "Una cosa es defenderte con el orgullo que tienes y la otra es ir por detrás. ¿Creen que pueden amenazarnos yendo con 500 folios a la UEFA? Ya nos veremos en los juzgados y ojalá tengan lo que se merecen".
La candidatura continuista de 2010
En esta ocasión, Laporta no quiere pecar de aquella improvisación que caracteriza sus mandatos. En 2010, los volantazos que ya le habían costado dos aludes de dimisiones en su directiva en 2005 y 2008, respectivamente, también se tradujeron en el fracaso electoral de la candidatura continuista. Jaume Ferrer, tesorero entre 2003 y 2007 y vicepresidente de patrimonio desde 2009 hasta su dimisión en 2010 para centrarse en la carrera a los comicios, encabezó el proyecto laportista después de numerosos bandazos del abogado catalán.
Joan Laporta y Jaume Ferrer, durante la campaña del segundo a la presidencia del Barça en 2010 EFE
A las puertas de que Convergencia y Unión (CIU) se impusiera en las elecciones autonómicas de Cataluña en 2010, Laporta ya se había acercado a varias personas próximas al sector político más catalanista como Joan Oliver. El exdirector de TV3, nombrado por el gobierno de Jordi Pujol en 2002 hasta 2004, entró en el club tras la moción de censura de 2008 para enrolarse como CEO. El voto de castigo no había prosperado con el 60,6% de los votos, porque los estatutos de la entidad exigían el 66%, es decir, dos terceras partes de la masa social contrarias al presidente.
Cambio de planes
De todas formas, ocho de los 17 miembros de la junta dimitieron días después de la moción, incluidos los vicepresidentes Albert Vicens, Ferran Soriano y Marc Ingla. Laporta terminó el mandato, pero con la reputación debilitada. Sus dos grandes bazas eran Xavier Sala Martín, economista también próximo al catalanismo político y nombrado directivo en 2009, y Alfons Godall, uno de los directivos fieles que habían permanecido en el barco desde su entrada en 2003.
Joan Laporta y Xavier Sala Martin, con el trofeo de la Champions League REDES
El primero declinó el ofrecimiento del presidente para liderar la nueva candidatura laportista, y el segundo se postuló en el tramo final de mandato como el sucesor natural. Laporta iba a apoyar públicamente a Godall para liderar la nueva candidatura. Con esto, varias informaciones de la época aseguran que el abogado catalán retiró su respaldo cuando supo que el directivo pretendía formar una proyecto unitario con Ferran Soriano, uno de los miembros de la junta que había renunciado en 2008.
La tercera opción
Finalmente, Jan se decantó por la tercera opción mencionada: Jaume Ferrer sería su delfín. El extesorero, amigo de la familia Pujol, carecía del carisma y la capacidad de persuasión de los otros dos aspirantes a suceder a Laporta. A pesar de contar con el apoyo del último presidente, se estrelló en la carrera electoral y solo obtuvo el 10,8% de los votos como candidato menos votado.
Marc Ingla durante su etapa en el LOSC Lille LOSC LILLE
Por su parte, Godall disolvió su propia precandidatura y se adhirió al exvicepresidente Marc Ingla, que contaba con otros dos exvicepresidentes como Ferran Soriano y Albert Vicens. Los tres formaban parte de la dimisión conjunta de 2008. Esta candidatura tampoco terminó de cuajar y se quedó con el 12,29% de los apoyos de los socios. Agustí Benedito acabó en segundo lugar con el 14,09% y Sandro Rosell, primero, con el 61,35%.
Acción de responsabilidad y espionaje
El presidente electo cargó duramente contra el laportismo y nada más entrar en la junta encargó una due diligence a KPMG para destapar supuestas irregularidades. También aprobó una acción social de responsabilidad contra Laporta y sus 16 directivos en la asamblea de compromisarios celebrada en octubre de 2010, en reclamación de 47,6 millones de euros por supuestas pérdidas. Sin embargo, tanto el juzgado de primera instancia 39 de Barcelona en 2014 como la Audiencia Provincial de Barcelona en 2017 desestimaron la acción y el recurso posterior, respectivamente, al validar la interpretación de Laporta sobre los beneficios de su mandato.
Joan Laporta y Sandro Rosell, en una imagen de archivo en el Camp Nou REDES
En el marco de las investigaciones ordenadas por la junta entrante, se descubrieron unos contratos por 500.000 euros con Método 3. Dicha agencia de investigación realizó seguimientos exhaustivos a directivos del Barça próximos a Laporta como Rafa Yuste, Jaume Ferrer, Joan Boix y Joan Franquesa, además del impulsor de la moción de censura, Oriol Giralt, y Sandro Rosell, el principal rival de la candidatura continuista.
Acuerdos de conformidad
El CEO Joan Oliver y el director de seguridad Xavier Martorell, realizaron los encargos de investigación. Laporta también estuvo investigado, pero el juzgado de instrucción 24 de Barcelona archivó la causa contra el expresidente al carecer de indicios suficientes de delito.
Joan Laporta y Joan Oliver, durante su etapa en el Barça REDES
La Fiscalía de Delitos Económicos ya había imputado a Martorell por supuestamente imputar al club catalán facturas de sus encargos a Método 3 para investigar a concejales de UDC en Sant Cugat cuando presidía el partido CDC en dicho municipio. Tanto Martorell como Oliver evitaron el banquillo de los acusados tras alcanzar sendos acuerdos de conformidad con las acusaciones, ejercidas por el Barça y Oriol Giralt.
Xavier Martorell, exjefe de seguridad del Barça EFE
16 años después de aquella transición fallida, Laporta prepara el terreno con más antelación y rodeado por un núcleo de confianza conformado por 22 directivos, incluidos todos los del anterior mandato. Tras superar un comienzo más convulso marcado por la inestabilidad financiera, Jan y sus hombres de confianza han estabilizado la nave y afrontan una etapa de crecimiento económico con el Espai Barça y el nuevo Spotify Camp Nou. Los interrogantes en los despachos no cesarán ante la multitud de frentes abiertos, pero el presidente regresa al timón más reforzado que en 2021.