Éric García celebra con Lamine Yamal su gol ante el Real Betis FCB
El Barça apiló otra victoria en su visita al Betis para elevar todavía más hacia los cielos un inicio de temporada colosal. Pedri y Rodri musicaron la banda sonora del partido de principio a fin, y Lamine Yamal estuvo, como a él le gusta, en el epicentro de los dos grandes seísmos que abrieron el suelo bajo los pies del rival. El primero rugió por sorpresa tras quedarse el equipo azulgrana con diez por atención médica a Gerard Martín. Los defensores y mediocentros blaugranas dieron una masterclass de conservación de la pelota en inferioridad, terminaron por sacarla jugada limpiamente pese a la animosa presión bética, Koundé se la entregó a Lamine Yamal y lo que sucedió después ya es historia del fútbol.
El segundo, todavía retumbando en las tertulias futboleras, empezó con el siempre intensito Álvaro Vallés yendo a levantar de malas maneras a Fermín, quien se quedó en el suelo tras el 2-3 marcado por Abde. Era, obvio, un intento del onubense por rebobinar la moviola del VAR hasta el momento en que el marroquí se le encaramó en la disputa por un balón aéreo, le agarró del pantalón en el descenso y lo dejó bien plantado junto al césped antes de iniciar su venenosa galopada. El efecto dominó que se desató luego incluyó la recriminación de Lamine a Vallés, un primer empujón de Bernal a Lamine y un torpe empellón de vuelta del de Rocafonda al propio Bernal, quien agarró al 10 del Barça por el cuello y, tras una pausa mercurial, le asestó dos cabezazos rabiosos a bocajarro ante la incredulidad del árbitro y de todos sus compañeros. Bueno, de todos menos Lo Celso, talentoso jugador pero marrullero como él solo, quien aprovechó que a Lamine lo tenía agarrado Bernal para aparecer por la espalda de su compañero y largarle un guantazo al chiquillo. Sea como fuere, el primerísimo empujón de Bernal a Lamine Yamal en el inicio del rifirrafe ya lo había condenado a la tarjeta amarilla, su segunda, y por tanto a terminar el partido en el vestuario.
A la postre, el Betis-Barça fue un partido en el cual De Burgos Bengoechea, como es costumbre, cometió pocos errores de bulto. El más grave, la mano de Cucho, se lo corrigió Del Cerro Grande desde el VAR. Y el otro, la posible tarjeta roja por el pisotón de Llorente con peligro de esguince grado III para Fede Valverd... perdón, para Gabriel Jesús, es interpretable. Sin embargo, ya durante el choque en La Cartuja era evidente que la previa del próximo partido liguero del Barcelona, el Clásico contra el Real Madrid en el Camp Nou, volverá a ser pasto del ruido y la conspiranoia. Para eso y nada más trajo el Madrid a Mourinho The Creator, para inventarse agravios, victimizarse, señalar a colegiados y comités, y defender las barrabasadas de sus jugadores más problemáticos. En definitiva, tirar del rollo de siempre, no por manido menos necesario para un madridismo que, de no haber salido a la luz el lobby practicado por el Barcelona con Negreira, ahora mismo no tendría para comer en su singladura a través de un proceloso desierto futbolístico más que anchoas y jalapeños.
El problema que le veo es el siguiente: la estrategia dn 2010 del entonces gravitacional Mourinho ya se demostró más simple que un barreño. En resumen, consistió en señalar machaconamente un presunto trato de favor al Barça por parte de todos los estamentos, con el arbitral a la cabeza, para poder luego salir al campo con Pepe, Carvalho, Di María, Cristiano, Marcelo, Arbeloa o Sergio Ramos a dar de hostias (pardon my French) a Messi, Xavi, Iniesta, Pedro y compañía con la mayor impunidad posible. Pero no veo a Mbappé, Tchouameni, Bernardo Silva, Cucurella o Güler pegando hachazos ni a Rodri, Pedri, Lamine, Gordon, Raphinha o Fermín achantándose por un poco de dureza, la verdad. En el peor de los casos, el Barça saldrá con tres puntos de ventaja y una lección aprendida. Y en el mejor... jejeje.
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