Rodri celebra su gol a la República Checa EFE
Rodri y Pedri, Pedri y Rodri, corazón batiente del mediocampo del Barça, siguen creciendo juntos. Del canario ya sabíamos que es el mejor centrocampista del mundo cuando sus piernas igualan en frescura a su cabeza. Ningún rival es capaz de anticipar por dónde saldrá con el balón controlado porque su fútbol se alimenta tanto, tanto del instinto que resulta inescrutable. El cuerpo del madrileño, por su parte, parece hecho del mismo material ferroso que el núcleo de la Tierra, y quizá por eso el balón cae rendido una y otra vez a su magnetismo.
Los dos son expertos artistas de salón que utilizan el equilibrio, la anticipación y el toque para hacernos creer en la magia. Poco se habla de sus mejores cualidades, como la propiocepción que demuestran en los giros y contactos o ese impecable golpeo de balón con el empeine frontal que utilizan en la conducción. Porque son artes sutiles y, como el movimiento de la mano de un prestidigitador, imposibles de registrar en cámara salvo con un plano detalle. Las cuerdas detrás de ese control absoluto de un partido que se logra sin esfuerzo aparente.
Sin embargo, hasta hace poco verlos juntos en la selección dejaba un poso de insatisfacción. Un solo foco apuntando al escenario se antojaba un espacio demasiado angosto para iluminar el despliegue de ambos. Pedri, demolido tras una temporada hercúlea, se bajó de las tablas de la España campeona del mundo para dejar su sitio a compañeros más frescos. Lo esperábamos como dueño de los partidos pero aceptó reconvertirse en el encargado de atemperarlos. Y, después de mucho tiempo lesionado, Rodri, como adelantó que sucedería el siempre afilado Pep Guardiola, fue creciendo durante el torneo hasta someterlo.
Por eso el fichaje del antiguo faro del Manchester City por el vertiginoso Barça de Hansi Flick no ofrecía dudas sobre su rendimiento pero sí, legítimas, sobre su encaje. Pedri no le podía ceder el espacio ni el balón porque el equipo azulgrana ataca como una lluvia de misiles lanzados por el geniecillo de Tegueste, no como un tanque que aplasta las trincheras rivales. Pero no había que subestimar la inteligencia táctica del fichaje más flamante del verano culer, quien ha entendido perfectamente que su primera directriz ya no es instalar a su equipo en la frontal del área rival sino repartir sus esfuerzos entre favorecer la fluidez del balón y la cobertura a la defensa adelantada.
Y así nació "Ropedri", como "Brangelina" o "Barbenheimer", sin duda el fenómeno parejil de este año. Lo demuestran una docena de partidos como nuevos compañeros de equipo que se cuentan no por victorias sino por goleadas. Con la roja o con la azulgrana, ya tanto monta que monta tanto.
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