Raphinha, tras marcarle tres goles al Sevilla EFE
El Barça rompe filas y se dispersa desde hoy, en pos de un abismal parón de selecciones que apesta a azufre y aire reciclado de cabina de avión, pero también con la tranquilidad de haber rubricado un inicio de temporada no solo inmaculado sino arrebatador. Ni los culers más optimistas contaban con sumar siete victorias en las primeras siete jornadas de Liga, a las cuales el conjunto de Hansi Flick puso la guinda en un debut de Champions con pierna fuerte y cabeza clara.
La puesta en escena blaugrana ha sido inmejorable. A la conversión de Raphinha en Pelé cabe añadir la firmeza de una apuesta táctica que instala definitivamente a un lateral izquierdo a pierna cambiada como vértice inferior del cuadrado e incorpora a Rodri como red de seguridad. El magnífico trabajo defensivo del madrileño es el resultado de un despliegue al alcance de muy pocos mediocentros en el mundo, donde la fluidez, la cobertura y la atención al espacio a la espalda de los centrales se entretejen en una malla de la cual ningún rival escapa con la confianza intacta.
Pero el espejo donde mejor se refleja la incuestionable superioridad de este Barça es en el atribulado devenir de sus dos máximos rivales, enzarzados ayer en un derbi miserable. Frente a la opulencia del fútbol blaugrana, Atlético y Real Madrid ofrecen más bien poco. Los del Cholo Simeone, una plantilla rejuvenecida pero aún insegura en sus planteamientos, que además juega demasiado a menudo sin sus dos mejores futbolistas: Barrios y Julián. Y los de Mourinho, un hervidero emocional donde la constante apuesta por reavivar unos rescoldos del drama más bien gélidos impide el desarrollo de cualquier proyecto futbolístico.
La situación del Madrid actual es especialmente tétrica. Frente al relampagueante fulgor del Barcelona, solo es capaz de oponer balbuceos, un equipo partido en dos y un entrenador quejica con un papelote que ya no tiene ni la décima parte de repercusión que antaño. Solo resta dar las gracias a Carlos Espí, porque sin su decisivo concurso igual Mou ya estaba camino del Fulham.
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