La cuarta victoria del Barça, líder absoluto y absolutista de LaLiga, fue en casa de un Valencia en carne viva y nos ofreció el debut de Rodri como titular. El estreno del madrileño, nuevo tótem del juego de posición azulgrana, rubricó también la sublimación de un modelo de juego que, ya no hay duda, será la seña de identidad del tercer Barcelona de Hansi Flick. Justo al contrario que cuando el histórico Javier Clemente inventó las arenas movedizas en el fútbol durante su etapa al frente de La Roja mediante el nada sutil método de plantificar a seis centrales en cada once, el técnico alemán del Barça ha decidido convertir a su equipo en una máquina alimentada por tan solo dos clases de jugadores: seis mediocentros para defender y propulsar el juego, y cuatro extremos para catapultar un ataque a reacción.
Aun sin Christensen ayer, y pese a la lesión fortuita de Éric, el Barça ya siempre alinea en su defensa a cuatro jugadores que brillarían en el pivote de cualquier equipo Champions. No me parece ninguna exageración decir que también Gerard Martín y Jules Koundé dominan la circulación interior y son muy competentes en la colocación defensiva, principales armas de cualquier futbolista que pretenda ganarse la vida como ancla a un equipo dominador. Además de los nombrados, no hay ninguna duda de que Cubarsí es élite con la pelota y en su busca, Xavi Espart es de hecho un pivote reconvertido, como una suerte de bisoño Phillip Lahm, y Joao Cancelo ha distinguido su intermitente carrera como azulgrana por crear juego de ataque como falso interior izquierdo.
Por delante de la línea de zagueros, Flick dispone ahora de algo más que un refuerzo. Rodri no solo es dominante, sino inasequible para los rivales. Posee todas las cualidades defensivas que le faltan a De Jong -colocación, anticipación, lectura de las superioridades- y se adapta al compás del equipo en lugar de obligar a todo el mundo a que se adapte al suyo. Combinándolo junto a Pedri, Gavi, Bernal y el todavía inédito Fariñas, Flick tiene múltiples permutaciones para formar dúos capaces de combinar la pausa y la aceleración. Y al final de esa segunda premisa es donde, sin Lewandowski ya en la plantilla y con Julián riéndose por lo bajinis en el banquillo de un Cholo que ya está a 5 puntos del liderato, el Barça se ha entregado en brazos de cuatro extremos tan incansables como intercambiables. Ya no se trata de bailar a los rivales aculándolos hacia su propia área, sino de colocarlos al borde del frenopático añadiendo a su angustia por no poder sacar la pelota jugada la imposibilidad de saber quién entra como una flecha a su espalda. Y, por si fuera poco, el alemán tiene a un extremo más de recambio para la segunda parte.
Hay algunos versos sueltos, como el propio Frenkie, Balde, Olmo o el recién llegado Gabriel Jesus. Y también asoman desde el filial algunas alternativas de distintas cualidades. Pero ya se vislumbra que la fluidez será la característica más evidente en este nuevo desarrollo del modelo. Porque ese fútbol líquido será la manera de colarse incluso entre las rendijas de rivales afortunados, en un pico de forma o, sencillamente, con menos lesionados. Buena suerte a todos los equipos que planeen usar la fortuna, la retórica o los '-ismos' para aguantar este vendaval de fútbol sin que se les vuelen hasta los implantes capilares. La van a necesitar.
P. D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana
