Deco, en el palco durante un partido del Barça

Deco, en el palco durante un partido del Barça EFE

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El verano de los Lakers

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Resulta curioso que dos de las entidades deportivas más importantes del mundo, el Fútbol Club Barcelona y Los Angeles Lakers de la NBA, afronten este verano en transcontinental simetría. Mientras la franquicia angelina busca renovar el púrpura y oro de su historia tras la marcha de LeBron James entregándose en equipo, designios y, sobre todo, presupuesto a catalizar la ambición de un Mozart esloveno llamado Luka Doncic, el Barça recibe el plácet del control económico de LaLiga para fichar e inscribir jugadores en su primer equipo de fútbol masculino sin hándicap alguno. La masa salarial se ha reducido, el futuro de los ingresos convence a los auditores y, por si fuera poco, la eclosión de jovencísimas estrellas de La Masia bajo el influjo de un técnico ganador convierte la azulgrana en la camiseta más atractiva del estío. En especial, para cualquier delantero centro que busque fama y fortuna. ¿Y no las buscan todos?

El problema es que, desde esta pasada semana, las singladuras de ambos clubes históricos ya no marchan en paralelo. Mientras que los Lakers anunciaron en poco menos de media hora los fichajes de Walker Kessler, Collin Sexton, Quentin Grimes y Sandro Mamukelashvili, prácticamente un quinteto titular entero (disculpe el astuto lector si no es muy seguidor del 'pallacanestro', pero enseguida verá a dónde nos conduce esto), el mercado del Barça sufre un apagón desde la sorpresiva incorporación de Anthony Gordon. Fichaje, por cierto, que podía parecer sobrepreciado en un primer momento. Pero el cual, visto ahora, después de que en la Premier acaben de astillar 135 y 99 millones por dos mediocentros (Anderson y Mateus Fernandes, respectivamente), 115 por Tonali, 63 por un central del Stade de Rennes (Jacquet) y 55 por Cucurella, seguramente no ha sido una ganga pero tampoco el timo de la estampita. Especialmente, sin el contrato de Rashford engordando ya el Excel.

Sin embargo, pasan los días, pasan los partidos del Mundial, que ya rompe en sus cuartos de final acabada la primera semana de julio, y las buenas noticias azulgranas en forma de salidas deseadas (Ansu Fati, Iñaki Peña, la cada vez más próxima de Ter Stegen) no terminan de arrancar una optimización de la plantilla que parece congelada en el tiempo tras la esperada declaración de Julián Álvarez. El Atlético, por alguna razón que desconocemos pero que, a priori, no estaría entre las tácticas más astutas de la historia de las negociaciones, parece empeñado en enviar a los mejores futbolistas del mundo el mensaje de que si firman un contrato con ellos no podrán marcharse a otro club si así lo desean. Ni siquiera dejando una plusvalía más que generosa en su traspaso. Y, mientras tanto, el barcelonismo se entretiene mirando fotos lejanas de Deco a través de cristaleras y desgranando las listas de representados de los agentes con los cuales trasciende que se reúne, como si ojeara una vez más el catálogo de juguetes de El Corte Inglés de su infancia.

Como es habitual en los Mundiales, inigualables en cuanto a alteración del ecosistema futbolero, la impresión es que todos los equipos se están reforzando menos el tuyo. El 'FOMO' se vuelve tan insoportable que nos vemos capaces de ponerle ojitos tiernos al portero de 40 años de Cabo Verde o de bancar a un fino centrocampista marroquí que bajó a segunda con el Girona más triste del último lustro sin que le hiciéramos ni pajolero caso. Son días duros, la canícula aprieta las meninges y deshidrata los corazones, pero no hay que desesperar. Los muchachos volverán a casa, el delantero llegará, y muy zote tendrá que ser para no cascarse de 25 goles para arriba, Flick pondrá la línea defensiva todavía más alta solo por fastidiar, y dará gusto ver de nuevo al glorioso Barcelona de Lamine Yamal y compañía. Muchísimo más que a los Lakers, ya lo verá.

P. D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana