Ay, amiga. Hay que ver cómo es el fútbol. Tras el atolondrado debut mundialista de España contra Cabo Verde, el siempre funesto vocerío patrio sacó a pasear tres graves conclusiones, a saber: una, que el campeonato se había poco menos que terminado para La Roja; dos, que, impotente y rota la selección, de Burgos a los Pirineos todo para Puigdemont; y tres, que Gavi es el eslabón débil del equipo, el enchufado, el hijo tonto y, en última instancia, la encarnación misma de la derrota. Y todo por empatar a cero, imagine si llegan a perder qué no hubieran dicho los mastodontes estos.
Es evidente que el '9' de España es el contenedor ideal de las frustraciones de mucho escocido sin apenas dónde elegir entre la representación del Barça en su selección. Joan Garcia es el tercer portero y, por tanto, palomita suelta. El único detractor de Cubarsí es un tuitero chiflado. Pedri es el segundo jugador del mundo al que ficharían si tuvieran oportunidad, solo por detrás de Lamine Yamal. Dani Olmo fue el mejor español en la conquista de la última Eurocopa. Eric Garcia aguarda silente en la segunda unidad. Y Ferran Torres tiene noches exasperantes, sí, pero también ha vacunado a todos los equipos de La Liga en un momento u otro. A algunos que yo me sé, de hecho, varias veces. ¿Quién queda? Pues ese muchacho que lleva un dorsal extraño, la juega en corto y va siempre fuerte y al bulto. El mismo que estuvo desaparecido del panorama futbolero durante los meses que un saco de mentecatos dedicaron a arruinarle el futuro a un pobre chico llamado Thiago Pitarch, y cuyo fútbol resulta tan incomprensible para esos mismos como un capítulo de 'Sexo en Nueva York' para un fraile franciscano alemán del siglo XIV.
Ayer, en cambio, España dejó de ser la más reciente evacuación de Pilatos y volvió a ser el Leverkusen, cascándole tres goles antes de la primera pausa de recaudación a una Arabia de canillas flacas y temblorosas. Oyarzabal volvió a convertirse en el primer brasileño nacido en Eibar, Pedri recuperó la amplitud para ver el fútbol de cara, Lamine forzó para ser titular -increíble llegar a esa situación jugando los dos primeros partidos contra caboverdianos y saudíes- y, por si eso fuera poco Gavi, cedió su puesto en el once a Baena y no disputó ni un minuto. De la Fuente pasará así a la historia como el seleccionador que devolvió al corajudo centrocampista sevillano al campo para que se rompiera la rodilla contra Georgia, y también el que lo lanzó a los pies de los caballos ayer. Incluso comprendiendo sus razones estrictamente futbolísticas - Gavi protege muy bien la pelota en espacios reducidos ante una Cabo Verde más física, mientras que Baena siempre es más directo en la progresión y, por tanto, mejor 'fit' contra una defensa árabe que se preveía más desordenada -, me extrañaría mucho que sus familiares y amigos le mandaran ni un sobre de jamón por Navidad.
En cualquier caso, tan improbable es que Gavi sea un futbolista clave en esta selección, pese a que seguramente jugará más de lo que apaciguaría a sus 'haters', como terriblemente posible que Hansi Flick lo desarrolle como el factor X de un modelo en evolución y que jamás ha tenido reparos en ser contracultural o incomprendido en su fructífero camino hacia el campeonar. Más aún, si el río que acumula mucho tiempo sonando resulta que lleva agua y Raphinha acaba siendo paloma en vuelo hacia, irónicamente, la jaula de oro saudí. Porque entonces estoy seguro de que nuestro Pablo Páez Gavira dará un paso más hacia su consagración como gavilán. Y para el combinado nacional, pues que llamen a Gonzalo García o repesquen a Joselu, si quieren.
P. D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana
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