Anthony Gordon posa con la camiseta del Barça en su primera rueda de prensa como jugador azulgrana EFE
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Como toda gran, mediana o pequeña estrella del fútbol inglés, Anthony Gordon llega al Barça subido en su cántico: "Oh Anthony Gordon, He's here to light the way!". Una letra esperanzadora, empastada en la música del tema 'Magic in the Air'. Canción escrita e interpretada por, a la sazón, Magic System, grupo del estilo de música dance popular costamarfileña de mediados de los 90 conocido como 'zouglou', que ha sido un habitual en los remixes que animan los estadios europeos este siglo. No deja de ser irónica la reiteración del concepto de 'magia' en su mitificación por parte de la afición del Newcastle, porque el atacante inglés, el segundo que vestirá la azulgrana a las órdenes de Hansi Flick después del fructífero Rashford, tiene más de estibador de puerto que de prestidigitador.
Como contaba Eric Idle cuando interpretaba al presentador de aquel graciosísimo falso documental de los Monty Python sobre los 'Rutles', un garrulo y patético trasunto de los Beatles, Anthony nació en Liverpool, se crió en Liverpool, fue padre de un niño con su novia de toda la vida de Liverpool, y el equipo donde dio sus primeros pasos fue, por supuesto, el Everton. Desde ahí, su camino hasta la élite del fútbol ha sido bastante tortuoso. Y, desde luego, si Deco y Laporta lo han elegido como el primer futbolista por el cual volcar la saca de los millones y celebrar la esperada vuelta a los números negros en el fair play financiero de LaLiga no es, precisamente, porque vaya a rivalizar con Lamine Yamal en cuanto a maravillas sobre el césped o le dispute el Pichichi al pobre Mbappé. Sino más bien porque su identidad secreta concuerda a la perfección con lo que andaba buscando Hansi para aupar a su Barça al siguiente nivel.
Resulta que Gordon, pese a lo que diga su pasaporte, es más alemán que británico. Me explico: si usted, astuto lector, es aficionado a las autobiografías de futbolistas, sabrá que una mención muy reiterada en un buen número de ellas se refiere a un compañero o rival que tenía "pulmones de caballo", "no se cansaba nunca" o "corría por diez y era imposible perseguirlo porque te reventaba". Y, además, coincide que ocho de cada diez veces la nacionalidad del elogiado por su impacto físico sobre el juego se encuentra a escasa distancia de la cuenca del Rin. Una de las principales dificultades que se encontró Flick para aplicar su modelo de juego, ese que tan magnífica cosecha de títulos le proporcionó en el Bayern, fue emular la disciplina en la presión de los bávaros, equipo de músculo largo y culo respingón. En estas dos campañas marcadas por las dificultades para inscribir fichajes, Hansi ha cuidado La Masia y ha centralizado la importancia de jugadores intensos y sacrificados como Raphinha, Fermín, Pedri o Ferran Torres. Pero las lesiones y los inevitables valles de la preparación física han frustrado más de una vez sus máximas aspiraciones.
Por eso ahora lo tiene clarísimo: quiere aprovechar la jubilación de Lewandowski y el espaldarazo económico del nuevo Camp Nou para traerse a tres o cuatro tíos que no solo sean buenos, sino que corran como si les fuera la vida en ello. Y como nuestro recordado Pedrito ya va para 39 palos, ha escogido al jugador más rápido de la pasada Champions, según datos del Observatorio del Fútbol CIES. Pero no solo eso, sino a uno que a sus 25 años solamente ha ganado una Carabao Cup y viene a trabajar para el equipo, morder en cada balón y repetir esfuerzos máximos una y otra vez hasta campeonar a base de bien con el Fútbol Club Barcelona. En especial, para hacer todo eso cuando falte alguno de los antes mencionados. No le quepa duda de que las maniobras del Barça por Julián, totalmente rutinarias y habituales le pese a quien le pese, se deben también a la capacidad del punta argentino para la intensidad y al hambre atrasada que tiene después de cambiar el City de Guardiola por el Atlético de Simeone. Dos equipos para los cuales me ahorro los calificativos porque son de todo punto innecesarios. Pero a quién se le ocurre, Juli.
P. D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana