Gavi, Marc Bernal y Eric García celebran con la afición del Barça la victoria sobre el Osasuna

Gavi, Marc Bernal y Eric García celebran con la afición del Barça la victoria sobre el Osasuna FCB

Juanito Blaugrana, un Culé en La Castellana

Buscar la perfección

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Solventó el Barça sus dos partidos más comprometidos antes del Clásico, en Getafe y Pamplona, con prestancia y entereza. Pese a las bajas de sus dos mejores futbolistas ofensivos, Lamine Yamal y Raphinha, o quizá precisamente por reconciliarse con ellas, el equipo de Flick se entregó a un ejercicio de centrocampismo más contenido. Así desplegó la pausa que echó a faltar en otros momentos de la temporada, la serenidad para circular el balón con amplitud "hasta que uno salte", como se leyó en los labios de Pedri desde la cámara a pie de campo en el Coliseum, y la ambición en las pocas llegadas claras de que dispuso. Cuatro delanteros muy distintos pero todos con oficio, Fermín, Rashford, Lewandowski y Ferran, firmaron un gol cada uno entre ambas visitas para llegar al decisivo duelo ante el Madrid sin una sombra de duda en la mirada.

Una de las cualidades más resplandecientes del Barcelona de Hansi Flick es que, cuando llega la hora de la verdad, no tiene ninguna duda sobre su capacidad para campeonar. Y como la Liga es la competición que menos valor otorga a ausencias, infortunios o desbarajustes puntuales, no solo la va a ganar más pronto que tarde: también lo hará sumando todavía más puntos que la temporada pasada. Una progresión que confirma lo apuntado por un equipo al que continuamente se tacha de endeble pero cuyas auténticas debilidades son más coyunturales que otra cosa. Es más, diría que ha quedado bastante claro que tanto a Hansi como a sus muchachos se las traen al pairo los vértigos y las crisis de ansiedad de los agoreros: piensan seguir buscando el perfeccionamiento del fútbol que llevan dos años practicando juntos. Y sumando títulos por el camino.

Uno de los rasgos más distintivos de su éxito, por cierto, es meterle candela al Madrid no solo en duelos de perfil bajo sino también en las finales y los partidos decisivos. Ayer Vinicius, quien intenta aprovechar cuando el francés gruñón que se mete todo el rato por su carril está de retiro espiritual para reencontrarse con el fútbol histriónico pero feroz que lo llevó a aspirar al Balón de Oro, aprovechó la mansedumbre tanto del Espanyol como de Gil Manzano para evitar a sus compañeros el pasillo mediático. Pero a lo más que puede aspirar el por poco tiempo equipo de Arbeloa es a una pírrica victoria en el Camp Nou que recorte un poco de bochorno a su inminente ocaso.

Pase lo que pase el próximo fin de semana, el máximo rival seguramente seguirá demasiado lejos de su anhelado papel de gigante y demasiado cerca del de mosca cojonera para su gusto. Por lo que a no mucho tardar se arrojará a su habitual papelón en estos trances: entrenador nuevo y de postín lo más rápido posible, máximo foco de sus propagandistas en el Mundial para olvidar cuanto antes lo sucedido y acudir al mercado con su chequera sin fondo para buscar la perfección a su manera. A lo mejor hasta fichan a Mbappé de una vez por todas.

P. D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana