Los jugadores del Barça celebran el gol de Rashford al Getafe

Los jugadores del Barça celebran el gol de Rashford al Getafe

Juanito Blaugrana, un Culé en La Castellana

Los enemigos del Barça

Llegir en Català
Publicada
Actualizada

Noticias relacionadas

Incluso sin el concurso de Lamine Yamal, el Barça termina abril en clara disposición de revalidar el campeonato de Liga. Once puntos de ventaja sobre el Madrid lo contemplan a falta de solo quince por disputarse, tras el mostachazo de realidad que administró Bellerín al equipucho de Arbeloa en el exilio bético de La Cartuja. Ha querido la casualidad que la próxima jornada el Espanyol reciba a los blancos en Cornellà, a partir de ahora también conocida como Nueva Rosario, en eminente aquelarre de los dos más tradicionales enemigos del Fútbol Barcelona. Porque un rival solo quiere ganarte, pero un enemigo no se detiene ahí: también te odia, anhela tu desgracia y justifica con vehemencia cualquier injusticia contra ti. Todo ello, además, por decisión propia.

En circunstancias normales, el embate entre pericos y merengues habría terminado en poco más que una ópera bufa saldada con victoria blanca. Pero resulta que las trayectorias en caída libre de ambos equipos no coinciden en el espacio pero sí en el tiempo. De no ganar el Madrid, su visita al Camp Nou la jornada siguiente quizá tenga más de escarnio que de Clásico. De no empatar al menos el Espanyol, los escuetos 38 puntos que luce hoy en su casillero, incluso si se convierten en 41 después de jugar esta noche contra el Levante, pueden volverse bastante angustiosos.

Las urgencias con las cuales ambos llegan a la jornada 34 demuestran una vez más que si por algo se caracteriza hasta ahora la etapa de Hansi Flick en el Barça es por una colosal paradoja: el entrenador con más potencial para convertirse en enemigo eterno de los culés, el mismo que liquidó la era Messi en la Champions al frente del Bayern con una goleada histórica en la desoladora burbuja de Lisboa, no para de derruir el ambicioso proyecto del Madrid en una final tras otras y está realmente cerca de confirmar que la Liga ni va en BMV, ni saluda la astucia del agente 007, ni conoce espartano alguno. Contra las místicas y los espíritus de otros, Hansi coloca una sonrisa y la defensa adelantada. Y, además, cada vez que visita el RCDE Stadium, da un golpe de mano al título. Eso, cuando no les ficha a su mejor portero.

Pero la indigestión que bulle en las entrañas de los infieles proviene de más lejos incluso. Xavi, antes de lanzarse a juguetear con el botón de autodestrucción de su proyecto como un gato que se encoleriza con su ovillo de lana, también goleó al Madrid, le arrebató un título en una final y atornilló una Liga en casa del Espanyol, donde un puñado de enmascarados saltaron al campo para disolver la celebración azulgrana y convertirse en el triste orgullo de millones de patéticos perdedores. Ocurra lo que ocurra, ya sabemos que los intentos de la Brunete mediática del madridismo de reducir toda la historia del deporte mundial a una sola competición jamás cesarán. Y también que en el primer equipo de las afueras de Barcelona se entretendrán jugando a ser la aldea de Astérix pero con un entrenador vinagres en lugar de poción mágica. Bien está. Ya se sabe que a los enemigos nunca hay que tenerlos lejos, y además siempre hay que perdonarlos. Porque, como dijo Oscar Wilde, no hay cosa que los enfurezca más.

P. D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana