Josep Lluís Núñez y Jordi Pujol REDES
Cuando Jordi Pujol quiso dominar el Barça y fracasó en el intento
El expresidente de la Generalitat nunca pudo controlar el club, en manos de Josep Lluís Núñez, y se estrelló en las elecciones de 1989
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El mayor intento de la historia para hacerse con el FC Barcelona por parte de fuerzas políticas de Catalunya ocurrió en 1989, cuando el president Jordi Pujol puso toda la maquinaria de su gobierno y de su partido --la desaparecida Convergència-- para alcanzar tal objetivo. Una serie de peripecias y circunstancias le llevaron a montar un proyecto para desbancar a Josep Lluís Núñez de una presidencia que ya superada los diez años.
Allegados de Pujol aseguran que hubo tres objetivos que el veterano político no pudo cumplir plenamente durante sus 22 años al frente de Catalunya. Fueron controlar y dominar La Vanguardia, Montserrat y el Barça. Pujol comenzó a rumiar cómo tener un presidente afecto y postrado a sus intereses, cuando en 1988 repitió la mayoría absoluta en las elecciones al Parlament, aunque bajó de 72 a 69 diputados (sobre 135).
En busca del "antiNúñez"
El fiel secretario del departamento de presidencia de Pujol, Lluís Prenafeta, recibió el encargo de buscar el antiNúñez. Como reconoce el propio Prenafeta en su libro L’ombra del poder (Planeta, 1999), fue él personalmente quien llevó el mando de las operaciones para crear una candidatura capaz de superar a Núñez. En su libro dice que “lo hice a título personal y no como secretario general de la Presidència de la Generalitat”. Es posible, no cabe dudarlo, pero de lo que tampoco hubo duda alguna es que el despacho de Prenafeta en el palacete de la plaza Sant Jaume fue el escenario de reuniones y almuerzos de trabajo de una candidatura prefabricada y que todos los gastos los pagó la Generalitat, ya que no hay constancia de lo contrario.
Jordi Pujol, en el Cercle d'Economia
La búsqueda de ese candidato antiNúñez fue larga y salpicada de episodios de la más diversa índole. Prenafeta contrató como ayudante a Josep Maria Gené, un head hunter experto en relaciones públicas, que había sido asesor de Núñez hasta diciembre de 1987. Gené exigió que no hubiera candidaturas paralelas que pudieran distraer votos para su candidato. Y así se hizo. Pero los nombres que él proponía, aparecían y desaparecían en dos días.
La anécdota
En esa búsqueda desesperada hubo un episodio imposible pasar de por alto, según me relató Josep María Gené años después. Él había contactado con Higini Raventós, un apellido que evoca la burguesía catalana del sector del cava, concretamente de la marca Codorniu. Al término de la reunión definitiva, celebrada en el despacho de Prenafeta, fue avisado Jordi Pujol para que se incorporara a la reunión y bendijera el acuerdo. Gené preguntó al futuro candidato si había traído su currículum, a fin de redactar el comunicado de prensa.
Lluís Prenafeta (i) junto al expresidente catalán Jordi Pujol en una rueda de prensa de 1990 EFE
Éste dijo que sí y se lo entregó. “Oye, aquí no consta el número de socio. ¿Qué número de socio tienes?”, inquirió Gené. La respuesta de Raventos dejó a todos helados: “¡Ah! ¿Pero, se ha de ser socio?”. Pujol, muy enojado, abandonó la reunión dando un sonoro portazo, cuyo eco, dicen, todavía resuena entre los muros del Palau. Raventós no reunía el único requisito imprescindible para ser presidente y tampoco quedaba tiempo para que alcanzara el año de antigüedad que los Estatutos exigían a los aspirantes al cargo.
Cambra, candidato "antiNúñez"
La elección de Sixte Cambra como rival de Núñez se produjo casi por casualidad. Cambra, que era director del torneo Conde de Godó de tenis, decidió contratar una agencia especialista en relaciones públicas para potenciar el evento tenístico por antonomasia de Barcelona. La elegida fue la empresa de Gené. Éste vio en Cambra la persona con el perfil que estaba buscando: joven, dinámico, con estudios universitarios, barcelonista, casado y con cuatro hijos y bien conectado con la llamada sociedad civil catalana. Además, era simpatizante de Convergència. Su único defecto era que se trataba de un auténtico desconocido para el socio barcelonista.
Núñez vota, en 1989 Redes
Tras un rápido periodo de formación para no suspender el examen de los socios, el día 1 de diciembre de 1988, en el hotel Meliá Barcelona, se presentó oficialmente Sixte Cambra Sánchez, de 36 años, como precandidato. Al margen de su trabajo en el torneo Godó, Cambra era ejecutivo de la empresa Vilà Vilà SA, dedicada al ramo textil. A su lado, para avalar cuáles eran los espectros sociales que estaban dispuestos a prestarle su apoyo en la aventura electoral, se hallaban en aquel acto de presentación el industrial pastelero y ex directivo del Barcelona, Jesús Farga; uno de los propietarios de Agrolimen (Gallina Blanca), Artur Carulla; el director de Banif (Banca privada del Santander), Genaro Millet; Antoni Jover, de Sedalgodón; Josep M. Espona, de Pastas Gallo; el hermano del director general de Banca Catalana, Rafael Fontana, y el ex jugador del Barça y ejecutivo de la empresa Danone, José Antonio Zaldúa.
Aportaciones de campaña cuantiosas
Los nombres que arropaban a Cambra era importante conocerlos porque no disponía de fortuna personal. Los gastos de una campaña como la que estaba en puertas no bajarían de doscientos millones de pesetas. Ese fue precisamente el talón de Aquiles de Cambra porque Núñez no se abstuvo de proclamar en diversas ocasiones que "con unos ingresos de cinco millones anuales no se pueden pagar unas elecciones y sería bueno que los barcelonistas supieran quiénes pagan la candidatura de Cambra. Yo pago la mía”.
Sixte Cambra REDES
Prenafeta, en su libro, habla de aportaciones de empresarios y, a la luz de los hechos, debieron ser cuantiosas, porque la candidatura de Cambra no reparó en medios, con anuncios en televisión, dobles páginas en prensa escrita, cuñas de radio y más de 600 vallas publicitarias, amén de un local de 3.500 metros cuadrados en el centro de Barcelona y un equipo de 300 personas. Prenafeta había garantizado a Cambra que la cuestión económica no sería problema.
Fusté, candidato vetado
Pero en el camino surgió una piedra en el zapato de la candidatura: el ex jugador Josep Maria Fusté, de 47 años, que ejercía de consejero de Deportes en la Generalitat y era concejal por CiU en el ayuntamiento de Linyola (Lleida), su localidad natal. Fusté, que había sido durante diez años en la plantilla del Barça, aglutinaba un alto índice de popularidad, lo que se puso de manifiesto con el apoyo explícito de colegas como Rifé, Asensi, Torres, Martí Filosía y Alfonseda, también halló apoyos importantes como los políticos Josep Maria Cullell, concejal de CiU en el Ayuntamiento de Barcelona, y el ex ministro de Sanidad y destacado dirigente del PSC-PSOE, Ernest Lluch. También, el cantante Joan Manuel Serrat.
Josep Maria Fusté FCB
La candidatura de Fusté supuso un problema para Prenafeta y Gené porque restaría votos a Cambra, aunque muchos pensaban que sería Cambra el que se los restaría a Fusté. La historia que hubo durante los seis días que mediaron entre el día 8 de febrero y el 14 de febrero de 1989, cuando se produjo la fusión entre Cambra y Fusté, con éste como vicepresidente primero de aquél, fue harto procelosa. Según relata Lluís Miquel Lainz, en su libro “Historia de una divergencia”, Cambra y Fusté estaban enemistados por una auténtica tontería que, en cierta manera, reflejaba el carácter de ambos. El relato es el siguiente: “Cierto día, al llegar al aparcamiento del Camp Nou, Fusté se encontró con que su plaza estaba ocupada por un coche de la familia Cambra. El enfado del ex jugador fue monumental y aquella estupidez pudo terminar con la idea de formar una coalición poderosa que pusiera fin a la etapa Núñez. Fue un viejo amigo de Fusté y miembro de la candidatura de Cambra, Evarist Murtra, el encargado de buscar la reconciliación que, según la estrategia de Gené, iba a ser definitiva en el desarrollo de un proceso”.
Acercamiento de Cambra a Fusté
La voluntad de acercamiento fue, pues, unidireccional, de Cambra a Fusté, aunque con aquel por encima de este tras la fusión. Pero Fusté daba largas a los que trataban por todos los medios de formar la coalición. El día 13 de febrero, dos días antes del comienzo de recogida de avales para las candidaturas, Fusté aceptó tras haber sufrido presiones insuperables de toda índole, tras soportar el abandono de empresarios que le habían ofrecido su respaldo, para evitar enfrentarse a la Convergència de Pujol, y tras haberse asegurado de que todos sus gastos (unos 7 millones de pesetas) serían cubiertos por la parte “fusionante”. Mientras, Prenafeta trataba siempre de sacudirse las pulgas cuando le señalaban como a uno de los impulsores de la candidatura de Cambra y el incitador al boicot a Fusté por parte de empresarios y otros notables de la sociedad civil catalana.
Jordi Pujol / Europa Press
Los medios de comunicación oficiales trabajaron a fondo la noticia de la fusión de Cambra con Fusté. El punto culminante fue la interrupción en hora punta del Telenotícies (TV3) para anunciar la buena nueva, cual si se tratara de un asunto de estado, lo que, bien mirado, lo era. En la conexión con el domicilio del industrial pastelero Jesús Farga, escenario de la rendición de Fusté, apareció éste con un mohín de disgusto propio de los derrotados. Era el 13 de febrero de 1989.
Despliegue inútil
Aparentemente, todo iba sobre ruedas hasta que aparecieron las primeras encuestas que auguraban una victoria arrolladora de Núñez sobre Cambra. Gané encargó un sondeo privado a la empresa Icopfon, que señaló un 43%-25% a favor de Núñez, pero, en la La Vanguardia, el del Instituto Opina fue un mazazo: 54%-9%.
Gabriel Masfurroll, en una rueda de prensa junto a Josep Lluís Núñez y Joan Gaspart GABRIEL MASFURROLL
A partir de aquel momento el aparato oficialista de la candidatura de Cambra no reparó en medios: 600 vallas publicitarias, dobles páginas en los diarios, cuñas de radio a todas horas, manifiestos de intelectuales afines contra Núñez, un equipo de 300 personas y un local de 3.500 m2 en el centro de Barcelona. Un derroche de dinero.
Golpe de realidad
Pero todo ese despliegue topó pronto con la realidad ya que la recogida de avales fue una premonición. Se cerró el 7 de marzo y, tras el período de comprobación de las firmas, Núñez, con 26.619 adhesiones, superó a Cambra, con 6.714. Con el resultado inicial de 4-1 en la proporción de las firmas, comenzó la campaña electoral.
Josep Lluís Núñez y Johan Cruyff aterrizan en Barcelona con el trofeo de la Copa de Europa en 1992 FCB
El 1 de abril, un domingo de un Barça-Real Madrid en el Camp Nou, votaron 43.663 socios (46,93% de un censo de 93.030). Cambra superó todos los pronósticos con 17.609 votos (40,33%) y Núñez fue el ganador con 25.441 votos (59,27%).
"No tienen el presidente que quieren"
Sixte Cambra tuvo el gesto señorial de felicitar a Núñez y apartarse de todo protagonismo desde una posible oposición. Pero Pujol no se rendiría y siguió asediando a Núñez. El diario Avui, cuyo propietario era la Generalitat, al día siguiente de las elecciones (2/4/1989), en un editorial titulado Un presidente para los socios, pero no para los barcelonistas, afirmó que “el triunfo de Núñez no se corresponde con la voluntad popular. Quizá sí los socios tienen el presidente que se merecerán. Pero lo que está bien claro es que los simpatizantes, los seguidores del Barça, no tienen el presidente que quieren”.
Josep Lluís Núñez, tras su victoria en las elecciones presidenciales del Barça de 1978 EFE
Hasta ahí llegaba la histeria por la derrota de los catalanistas que se consideraban puros y querían controlar todos los resortes del poder, entre los que el Barça era la guinda del pastel que se les resistía.