Dos goleadas consecutivas, muchas sonrisas y la autoestima por las nubes. El Real Madrid llega al Clásico con el pecho hinchado después de arrollar al Sevilla y al Leipzig, pero que nadie confunda una buena racha con una mejora significativa. Porque una cosa es golear y otra muy distinta es mirar al Barça a los ojos y demostrar quién manda de verdad.



Los blancos han recuperado sensaciones, Mbappé ha afinado la puntería, Arda Güler está reclamando protagonismo y Fede Valverde ya asume que debe jugar de lateral. Negarlo sería absurdo. Pero también es cierto que el Madrid todavía tiene mucho que demostrar, especialmente ante un Barça que está a las puertas de establecer un nuevo récord de victorias en Liga.



Y aquí es donde Flick tiene una oportunidad de oro. El Barça juega en casa, ante su gente, y también tiene la ocasión de recordar a su máximo rival que las goleadas pueden convertirse en espejismos cuando el nivel del adversario sube de verdad.



Que el Madrid llegue en forma no debe hacernos temblar. Al contrario: los Clásicos son el mejor escenario para separar la euforia de la realidad. Que vengan crecidos, que vengan convencidos y que se crean que tienen posibilidades. Este Barça tiene ganas de recordarles quién manda de verdad.

Una derrota sin dramas

Sí, el Barça perdió 4-2 en el campo del PSG pero que nadie encienda las alarmas ni empiece a repartir los carnets del club de las catástrofes.

La primera derrota de la temporada ha llegado a mediados de octubre, contra el vigente campeón de Europa y con el Clásico a la vuelta de la esquina. Y aquí es donde Hansi Flick demostró saber gestionar la plantilla dosificando esfuerzos, repartiendo minutos y entendiendo que no se puede jugar cada partido como si fuera una final. Y es que el domingo, frente al Madrid, hay mucho más que tres puntos en juego.



Pese a esto, la lesión de Dani Olmo, fue la peor noticia de la noche y el volumen de jugadores en la enfermería blaugrana ya empieza a ser un problema serio.



Ahora bien, en la otra cara de la moneda, me quiero quedar con Xavi Espart tenemos lateral por años. ¡Qué partidazo! Gol, personalidad, y una exhibición para desactivar a Kvaratskhelia y confirmar que la Masía siempre está ahí para nutrir al primer equipo.



Y a todo esto, también quiero hablar de la afición del PSG, que volvió a demostrar que tener un equipo campeón no garantiza tener una afición ejemplar. Volvieron a estar fuera de lugar y muy desafortunados constatando también que los petrodólares no pueden comprar la educación.



En fin, el Barça perdió en París pero no debe suponer ningún drama. Que el PSG disfrute de su triunfo y, quien sabe si esta misma temporada nos podremos servir la revancha.

Xavi Espart, selección

Hay futbolistas que necesitan años para llamar a la puerta de la élite y otros que, con apenas 19 años, la derriban de una patada. Xavi Espart pertenece al segundo grupo. El joven blaugrana se ha convertido en un intocable para Hansi Flick y se doctoró en el Parque de los Príncipes, ante el PSG, con una actuación que invita a ilusionarse.

Exhibición defensiva, inteligencia táctica, personalidad para interpretar cada situación del juego y, por si fuera poco, un auténtico golazo para poner la guinda a una noche inolvidable. Espart no jugó como un chico que empieza, sino como un futbolista preparado para competir al máximo nivel. Y eso, a su edad, tiene muchísimo mérito.

Por eso, Luis de la Fuente haría bien en tomar nota de cara al próximo parón internacional de noviembre. La salida de Marcos Llorente y la lesión de Eric García abren un escenario en el que el canterano del Barça puede convertirse en una alternativa real para la selección española.

Porque Espart ofrece polivalencia, criterio y soluciones: puede actuar en los dos laterales e inculso también en el centro del campo, la posición en la que se formó en La Masía.

¿Que quizá todavía es pronto? Puede ser. Pero si el rendimiento deportivo es el criterio, los méritos de Espart están encima de la mesa por encima de muchos otros.