El Barcelona lleva 11 goles encajados, 9 en Liga y 2 en Champions. No son datos alarmantes si miramos hacia la competición local, pero deben mejorar. De entrada, el Atlético de Madrid lleva un gol menos recibido entre sus cuatro palos, en total 8. Tampoco es buena la comparación si pensamos que el eterno rival blanco lleva los mismos que los blaugrana, un total de 9. Y que un Celta de Vigo y un Athletic, muy por debajo en la clasificación, llevan muchos menos, 7 y 6, respectivamente.
Pero el maquillaje de la Liga es imbatible. Miras el esperpento de juego de la mayoría o este mismo valor y te das cuenta de que el Barcelona no tiene ningún rival posible. Es curioso que, siendo mes de octubre, una piense que esta Liga ya está ganada. Es una semana para precipitarse con estos presagios, porque el fútbol es fútbol. Y, ante dos grandes compromisos como el PSG y el Real Madrid, las sensaciones pueden cambiar. Pero el talento, no.
Así que vamos al lío. El Barcelona, en Champions, ha encajado dos goles. Y, curiosamente, los parisinos de Luis Enrique, uno más. En esto le doy la razón a Lucho cuando en rueda de prensa, este lunes, admitía que ambos equipos son muy parecidos, tienen un estilo de juego con el que "son deportivos y no pegan patadas". Si eso, lo del ADN, lo dejamos para otro día. Sin lugar a dudas, hoy se enfrentan los dos grandes favoritos en Europa que emanan de una misma filosofía, aunque no se perciba de buenas a primeras. Pero es en este punto que volvemos a hablar de talento.
Ante una competencia tan igualitaria y caminos paralelos, el terreno de la individualidad es el que resta para desempatar quién está mejor que el otro. Y, como siempre, vuelvo a la defensa. Las rotaciones previas al partido, han servido para que hoy Hansi Flick prescinda de Jules Koundé. Y que también sepamos la ignorancia que ha decidido aplicar ante Alejandro Balde. Hoy es un gran día para Pau Cubarsí. Pero también lo debe ser para el resto que configura esta línea. Cancelo debe defender, aparte de correr y atacar; Xavi Espart debe madurar; y, especialmente, Gerard Martín se debe reivindicar y dar un plus de calidad que a veces no tiene.
La verdadera prueba de fuego se juega hoy en París y no el fin de semana. Y, ya que estamos en plena actualidad, un último deseo: que el espectáculo del fútbol no acabe totalmente borrado por delincuentes y supuestos aficionados del PSG que nunca entienden los límites. Francia no vive su mejor momento y, al final, el deporte y la política se mezclan más de lo que deben.
