El Barcelona vive en un estadio idílico permanente. No conoce la derrota, nos sorprendemos si gana solamente por tres goles y, lo más importante, su eterno rival está en horas bajas con Mourinho. El ganas de volver a veros que se sacó de la manga el gran Lluís Carrasco para el retorno de Jan Laporta a la presidencia en las penúltimas elecciones toma más sentido que nunca. Un Barcelona en cenizas, cerrando el famoso fin de ciclo y con deudas por doquier, puede con el todopoderoso Real Madrid que intenta hacer la versión 2.0 de los galácticos mientras Kilian Mbappe les sale rana y no hay día que no se ría en la cara de su presidente, Florentino Pérez. Que no me vengan con historias: todos los jugadores desafían y hacen lo que les da la gana siempre. Aquí y allá. La única diferencia de ahora con el francés es que él mismo se encarga de que nos enteremos. Una estrategia más vieja que el andar y que persigue otras guerras con las que ya no seguiré poniendo el lápiz.

Seguimos con lo nuestro. El Barcelona vive una auténtica luna de miel. Esta Liga certifica su pésima calidad. Incluso ante el autobús del Getafe, los de Flick pudieron meter tres goles y dejar la portería a cero. Pero no es menos cierto que algo de mérito tiene este equipo actual gracias al míster alemán que ha sabido tomar el pulso, liderar y ser escuchado por Deco. Para mí, el examen auténtico de otoño llega hoy. Jugar en Europa siempre es otra historia. Hoy sabremos realmente si el Barça hecha más en falta a un nueve o un central. Si la baja de Raphinha puede ser determinante, pero no decisiva. Y, si en cambio, no contar con una defensa de calidad puede ser el aviso perfecto para reforzarse en el mercado de invierno.

Jules Koundé marcó el otro día, después de perder un gol que le habían servido en bandeja. Tampoco que meta goles es el problema. Pero no entra en los planes. En el último compromiso liguero, Alejandro Balde quedó visto para sentencia por Flick. No salir el sábado pasado es lo último que le quedaba al jugador de la Verneda para ir pensando en hacer las maletas cuando le encuentren un hueco. Y Gerard Martín necesita un plus para ser un jugador vital en Champions. Por no hablar de Christensen y su estado permanente de lesiones. Hoy se disputa mucho más que un partido europeo.

El rival turco, el Galatasaray, debería seguir permitiendo a los de Flick poder vivier este cuento de hadas. Pero, de bien seguro, habrán detalles que marcarán diferencias y apuntes que tomar para matizar algunos puntos flojos que pueden volverse a la contra en el transcurso de esta competición.