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Dembelé durante su clandestina boda marroquí

Dembelé durante su clandestina boda marroquí REDES

Hablemos del Barça

La imagen de Dembelé no me representa

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Ya lo dijo Marc Bartra en su día cuando ficharon al Mosquito: Ousmane Dembelé, que lo conocía del Borussia Dortmund, era un buen jugador, pero no había demostrado nada. Unos cuantos años después, sigue presumiendo de jugar en los mejores clubes europeos y disfrutar de un momento y un espacio en el tiempo que lo hacen mejor de lo que realmente es. Demasiado inestable, poco continuista de los planes de sus entrenadores y con una imagen que lleva alguna que otra sorpresa en el terreno profesional y personal.

Me explico. La historia se repite y el fútbol no es menos. Aquellos que defienden unos valores sagrados de la familia, el saber estar y la pulcritud son los que más trapos sucios tienen que esconder. Su paso por el Barcelona acabó con una boda, llevando a la esposa como si fuera carne de ganado detrás de él, dentro de una jaula, mientras él bailaba reguetón.

Un final apoteósico teniendo en cuenta lo que, años después, he podido conocer: una vida inestable, pagando a camareros para que jugaran con él a la Play Station mientras estaba de concentración y gastando tanto dinero mientras disfrutaba de las noches de Ibiza, que debía llamar a 'los suyos' para que reponieran saldo en la targeta.

Es esperpéntico y es bueno contarlo porque podemos entender sus inexactitudes en el campo o aquellos días 'tontos' que nadie entendía porque no daba pie con bola. Si trasladamos su pasado al presente, la idea se repite. Su mujer refuerza esta idea de la pulcritud y la lleva a unos estándares que confrontan el modelo occidental y de igualdad de género que entendemos desde aquí. Mientras él viste a la moda europeísta, su mujer se fotografía comiendo con la cara completamente tapada e incluso unos guantes porque no se permite mostrar las manos. Misma foto, la que nos llega recientemente, a la que se hicieron cuando ganaron la última Champions League. En paralelo, ella se dedica a crear marcas de ropa infantiles, poner textos del Corán diariamente, propagar libros educativos para niñas sobre cómo deben comportarse desde pequeñas y, en definitiva, aportando unos valores de dudosa aceptación para una mujer que quiere vivir en libertad.

A partir de aquí, que haga lo que quiera. Faltaría más. Pero en la vida, es importante ser consecuente y promover lo que practicas. De no ser así, todo el castillo de naipes se cae.