Can Rigalt
La noticia de que el FC Barcelona ha vendido (por segunda vez) una parcela de Can Rigalt al agente inmobiliario Metropolitan House pone fin a una larga historia, que comenzó con el acoso político al presidente Josep Lluís Núñez, a finales de los años 90, y que desembocaron en el boqueo de todos sus proyectos y en su posterior renuncia a la presidencia del club.
Todo comenzó cuando, el 19 de noviembre de 1998, Joan Clos, alcalde socialista de Barcelona, y Núñez firmaron un convenio para reordenar los aledaños del Nou Camp y permitir un mejor uso ciudadano de unos terrenos desaprovechados. El Proyecto Barça 2000 significaba una inversión de 150 millones de los incipientes euros, por empresas interesadas en el complejo lúdico, y estaba diseñado por el gabinete de arquitectura Batlle i Roig. Las obras suponían el reordenamiento de 19Ha. de las cuales, nueve eran destinadas a un parque de libre acceso a los ciudadanos. Por debajo de ese nuevo parque, que cubría la calle Arístides Maillol, se ubicaría un complejo comercial y lúdico, que incluía cinco pabellones temáticos, además de bares, restaurantes y aparcamientos.
El objetivo del Barça 2000 era obtener más recursos económicos para, entre otros fines, mantener la camiseta sin publicidad, hecho diferencial del Barça respecto a los demás clubs en aquel tiempo. La idea gustó al consistorio barcelonés, porque daba vida a una zona que por las noches era insegura y porque estaba encarada hacia la Diagonal y la zona universitaria y su actividad no molestaría a los vecinos. Además, generaba unos 700 puestos de trabajo.
Contra el Barça 2000
El anuncio del proyecto hizo saltar a los componentes del colectivo “Elefant Blau”, que lideraba Joan Laporta, al amparo de Convergència i Unio (CiU, ahora Junts). Fue una oposición radical, con mentiras y patrañas, porque entre otros males, aseguraban el Club iba a caer en manos de sociedades anónimas multinacionales. La intoxicación que generaron Laporta y los suyos llegó hasta el punto de que el Barça 2000 iba a ser un Port Aventura o un Eurodisney. Las manifestaciones inducidas de vecinos contra las “terribles consecuencias” que ocasionaría el Barça 2000 hizo que el ayuntamiento congelara el proyecto, también por la proximidad de unas elecciones municipales.
En otro orden de cosas, en 1977, Núñez compró para el club 30.000 m2 de la finca Can Rigalt, por 1,68 millones de euros. Meses antes de presentarse el Barça 2000, habían comenzado las obras destinadas a rehabilitar una segunda masía, además de construir tres campos de fútbol y un parque público. Can Rigalt, que pertenece a L’Hospitalet, se encuentra a apenas 600 metros de las oficinas del club. Tras haber pactado la realización del proyecto con Celestino Corbacho, alcalde de dicha ciudad, también se organizaron manifestaciones para impedir la realización del proyecto. Esta vez fue la líder de Convergència i Unió (CiU) en L’Hospitale políticos: Sant Joan Despí, Can Rigalt y Barça 2000.
A tenor de lo que se pudo leer y escuchar en algunos medios, los proyectos del Barça habían sublevado a los habitantes de Les Corts, Hospitalet y aledaños. El ambiente se presentaba de oposición mayoritaria entre los ciudadanos. Hasta que llegaron las elecciones municipales del 13 de junio de 1999.
Se descubre el montaje
CiU tenía a Joaquim Molins y a Meritxell Borràs como candidatos a la alcaldía de Barcelona y L’Hospitalet, respectivamente. Si la opinión pública era, como CiU pretendía, contraria a esos proyectos, CiU hubiera conseguido un buen puñado de votos adicionales en ambos municipios. En el programa electoral de Molins figuraba la retirada del Barça 2000 como objetivo prioritario, mientras que Borràs propuso incluso la expropiación al Barça de los terrenos de Can Rigalt. Consecuentemente, para el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) esos comicios hubieran tenido que suponer una importante pérdida de votos al defender algo que, según CiU, no deseaba la mayoría de ciudadanos.
Pues bien, en el distrito de Les Corts ganó las elecciones el PSC por vez primera en la historia de Barcelona, con lo que, de rebote, CiU perdió uno de sus feudos más sólidos, ya que siempre había ganado en Les Corts desde la restauración de la democracia. Si, como pregonaba CiU, los ciudadanos no querían el Barça 2000, solamente tenían que haber mantenido su voto a CiU para ponerlo de manifiesto. Y, por el contrario, los que sí querían que el Barça 2000 se llevara adelante, debían dar su voto al PSC. Eso último fue lo que ocurrió. Con 14.137 (34,9%), el PSC se impuso a CIU, que obtuvo 11.179 votos (27,6%). El PSC subió un 6%, mientras que CiU bajó un 10%. El concejal triunfador fue Jordi Hereu, que en 2006 relevó a Joan Clos en la alcaldía. Fue la prueba del algodón: un montaje político de CiU.
En L’Hospitalet ocurrió algo parecido. Meritxell Borràs, cabeza de lista de CiU, miembro del secretariado del partido y abanderada de la oposición al proyecto en Can Rigalt, sufrió también una derrota que le supuso incluso perder un concejal (de 4 a 3) y bajar del 13,5% de los votos logrados cuatro años antes, al 11,2%, con lo que siguió siendo la tercera fuerza política de la ciudad, superada también por el PP. En cambio, el PSC, encabezado por Celestino Corbacho, pasó de 14 a 18 concejales, tras subir del 47,8% hasta el 55,6% de los votos. En L’Hospitalet, pues, tampoco se reflejó en las urnas una supuesta oposición vecinal a Can Rigalt. Se ratificó el montaje de Laporta, sus “elefantes” y CiU. Pero el daño estaba hecho.
Tapar pérdidas
Pasaron los años y en junio de 2005, el Laporta presidente procedió a la primera venta de patrimonio del club para tapar pérdidas y, de paso, levantar el aval del 15% del presupuesto, entonces requisito para tomar posesión. El comprador fue la inmobiliaria La Llave de Oro que, una vez recalificados como urbanizables y no como equipamientos los terrenos de Can Rigalt, compró 6.700 m2 con 10.000 de edificabilidad, por 34,5 millones. Se dio la circunstancia de que en programa electoral de Laporta figuraba un apartado en el que se aseguraba que no vendería patrimonio. El beneficio neto final de la operación fue de 29,1 m€., pero lo que no se dijo que el Barça tenía que correr con los gastos de urbanización de la zona. Lo que no se hizo.
El 16 de mayo de 2009, “Mundo Deportivo” informó de la venta de otra porción de Can Rigalt por 20 millones más “a fin de equilibrar el balance económico de un ejercicio en el que ha habido varios reveses importantes como fue la sentencia judicial que obligó a pagar 57 millones a Sogecable”. Ferran Soriano, entonces vicepresidente económico, rompió unilateralmente el contrato de los derechos de televisión con Sogecable para suscribir otro con Mediapro (Jaume Roures). Los tribunales dieron la razón a Sogecable y el Barça fue obligado a restituir dicha cantidad por daños y perjuicios. Can Rigalt sirvió para tapar el agujero de otro error, este de 57 millones.
Pero la historia no acabó ahí. Ya con Josep Maria Bartomeu en la presidencia llegó el último susto. Un juzgado de Barcelona, ante el que La Llave de Oro había presentado la correspondiente demanda contra el club por incumplimiento de contrato, decretó que éste debía devolver el dinero cobrado por la venta, más intereses, unos 47 millones. ¿Qué había ocurrido? Pues que la directiva de Laporta no cumplió con uno de los pactos más importantes de la venta: abrir viales, construir aceras y otras obras menores, para entregar la parcela libre de cargas a La Llave de Oro (Inmobiliaria Mar). Las pérdidas en el balance de 2016 fueron de 26 millones, pese a que Lluís Marsá, propietario de la inmobiliaria y socio del Barça, perdonó al club una parte importante de los intereses.
Ahora, la segunda venta de Can Rigalt ha reportado 30 millones más, 10 de los cuales ya fueron imputados en el último balance. Y en L’Hospitalet, donde tenía que haberse construido una zona deportiva y un parque público, habrá unos 1.000 pisos más. Esto, sin embargo, no ha motivado protesta alguna. En el Barça, la venta de patrimonio sigue, pues, para cubrir pérdidas, con la nefasta perspectiva de medio año en Montjuïc en 2027 para terminar la cubierta del nuevo Camp Nou. En la última asamblea se aprobó aumentar la deuda en 510 millones más, con la emisión de 210 de bonos para pagar nóminas y el nuevo crédito de 300 millones de Goldman Sachs para terminar la cubierta del Camp Nou. Sin contar los intereses que generarán esos 510 millones, según la última auditoria, el Barça pagó en la temporada 2025/26 un total de 111 millones solo en intereses.
Nota final. Como contraste al cerco del hambre descrito, a que fue sometido el Barça a finales del pasado siglo, en Madrid ya habían comenzado los trámites para el gran pelotazo que fue la recalificación de los terrenos de la Ciudad Deportiva, que supuso para el Real Madrid un beneficio de más de 400 millones, que se destinaron a sanear sus cuentas y comprar galácticos.