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La celebración de Lamine Yamal tras marcar al Valencia

La celebración de Lamine Yamal tras marcar al Valencia REDES

Hablemos del Barça

El Balón de Oro no entiende de edades

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Hay quien dice que es mejor que Lamine Yamal no gane el Balón de Oro porque tan solo tiene 19 años. Como si levantar el trofeo demasiado pronto fuera un peligro. Como si ser el mejor del mundo con esta edad pudiera hacerte olvidar que todavía tienes muchísimo por demostrar.

Pero, ¿desde cuándo ganar es malo? Si así fuera tampoco le habríamos recomendado ganar el Mundial o tampoco le pediríamos que ganara la Champions. ¿Desde cuándo premiar el talento de un futbolista es un obstáculo para seguir creciendo? Si Lamine es el mejor, ¿por qué deberíamos esperar a que cumpla 25 años para reconocérselo?

A algunos les preocupa que pierda el hambre de títulos, que se despiste, que piense que ya lo tiene todo hecho pero quizás el problema es que estamos proyectando sobre él los miedos de algunos. El hambre de ser el mejor no entiende de edades y si algo ha demostrado Lamine es que no tiene ninguna intención de conformarse.

¡Que nadie sufra por Lamine! Si gana el Balón de Oro, que lo celebre. Y si después quiere dos, tres o cuatro más, que vaya a por ellas que seguro que también las conseguirá.

Cristiano vuelve a dar la nota

Cristiano Ronaldo volvió a demostrar que, cuando las cosas no van como él quiere, es capaz de montar un verdadero espectáculo.

El máximo goleador de la historia de su Portugal decidió abandonar la concentración después de quedarse sin jugar contra Noruega. Sí, el propio Cristiano que hace unos días aseguraba que aceptaría cualquier decisión del seleccionador. Pues parece que lo de mirar los partidos desde el banquillo no entra en sus planes.

Jorge Jesús tiene todo el derecho del mundo a decidir quién juega y quién no. Y Cristiano, por mucho que sea Cristiano, debería entender que ningún futbolista está por encima de la selección. Ni siquiera una leyenda como él.

Porque una cosa es tener un ego descomunal y otra es no saber aceptar que el tiempo pasa para todos. Leo Messi también tuvo que adaptar su fútbol. La diferencia es que Cristiano parece que todavía no ha asumido que ya no es imprescindible.

Esta es la manera más triste de empezar a escribir el final de una carrera legendaria. El problema es que algunos no saben marcharse cuando toca y, su momento, hace tiempo que ha llegado.

Amistades forzosas

Joan Laporta nos lo volvía a dejar bien claro el pasado martes: las relaciones entre Barça y Madrid están rotas. Y, sinceramente, ¿qué problema hay? ¿Desde cuándo deben llevarse bien los dos clubs más grandes del fútbol español?

El presidente azulgrana espera que el Madrid rectifique por sus acusaciones en el caso Negreira pero mientras algunos hablan de reconciliación, parece que otros se empeñan en vender una cordialidad que, a día de hoy, no me parece necesaria.

Los blancos dijeron bastante en su día después de uno de tantos arrebatos de Florentino Pérez. Basta de hacer ver que son amigos, de compartir falsas sonrisas, abrazos y buenas palabras mientras, por detrás, cada uno defiende sus intereses a su manera.

La rivalidad entre Barça y Madrid es histórica. Forma parte de nuestra identidad, de nuestra pasión y de lo que cada clásico hace especial. Y, con esto, no quiero decir que tengamos que vivir permanentemente enfrentados, pero tampoco que hay que fingirse una buena sintonía que no existe.

El respeto, siempre. La hipocresía, nunca. Los dos clubs más poderosos de España no está obligado a ser amigos. Que cada uno defienda lo suyo y que la rivalidad siga viva.