El Barça celebra un gol ante el Racing FCB
El FC Barcelona va camino de convertirse en el PSG de la Liga: un equipo tan dominante que gana los campeonatos con cuatro o cinco jornadas de antelación, sin ningún rival doméstico que le tosa por el camino y aburriendo al personal en más de un sentido, por la falta de tensión y competitividad del resto de contendientes.
Lo cierto es que de trata de un camino muy peligroso, porque si por algo ha destacado siempre la Liga es por la rivalidad histórica y el antagonismo recalcitrante entre el FC Barcelona y el Real Madrid. Una rivalidad que este año se está viendo seriamente comprometida por la falta de argumentos y recursos deportivos del club blanco, que parece instalado en la más absoluta mediocridad desde que les abandonara Carlo Ancelotti, hace dos años. Esta travesía del desierto empezó con un poso de desconfianza hacia Xabi Alonso que se refrendó poco después en su sustituto, Álvaro Arbeloa. Pero el descenso a los infiernos continúa sumando capítulos con el regreso de José Mourinho al banquillo blanco, un técnico que hace 15 años vive en un estado perpetuo de trashumancia.
El Barcelona, en cambio, esta temporada ha subido un escalón en todos los sentidos, con el refuerzo de Rodri como principal argumento, respaldado por una cohorte de escuderos, como Adeyemi, Gordon, Gabriel Jesús o Cancelo. Un pelotón de fieles soldados para servir al comandante en jefe Hansi Flick, dispuestos a morir por la causa si hace falta.
Las diferencias, a día de hoy, son tan abismales entre el Barcelona y el Real Madrid, que parece difícil hablar de rivalidad, al menos en el campo. Otra cosa es en las ruedas de prensa y con un micrófono abierto al frente. Ahí, como dijo en su día Pep Guardiola, Mourinho es el "puto amo". Aunque, visto lo visto, su relato empieza a estar tan desgastado como trasnochado, con los árbitros como grandes señalados, y con fotos sacadas de una impresora portátil, pruebas más propias del siglo pasado que de la actual tecnología digital.
Mirando los rivales del Barcelona parece muy complicado que alguien le pueda disputar esta Liga. Con el Real Madrid sumido en sus cruzadas particulares contra el estamento arbitral -la autocrítica no existe o al menos no aparece públicamente-, el único rival que podría poner en entredicho el campeonato es el Atlético de Madrid. Con la herida aún abierta del caso Julián Álvarez -el argentino sigue recibiendo pitos por parte de la afición rojiblanca-, el equipo del Cholo es todo intensidad y compromiso. El problema es que en ese aspecto, el equipo de Flick ya lo ha igualado e incluso superado, por lo que en el otro argumento, el talento futbolístico, los blaugrana salen ganando por goleada.
Ahora mismo, el Barça aventaja en cinco puntos al Atlético y en seis al Real Madrid. Distancias aún no muy relevantes, pero sí significativas, que reflejan la enorme diferencia entre los blaugrana y el resto de candidatos. Pero esta superioridad tan evidente conlleva asumir un riesgo de imprevisibles consecuencias: el aburrimiento y la desconexión del público en general.
En Francia a nadie le interesa la Ligue 1 porque todo el mundo sabe cuál va a ser el final, por mucho que el PSG le ponga a veces un poco de aliciente con algún traspié inesperado. En España vamos por el mismo camino: el Barcelona suma dos Ligas consecutivas, ganadas con relativa facilidad y antes de la última jornada, y ésta pinta que las diferencias serán aún mayores.
En todo caso, el problema es de los otros equipos, que se tendrán que empezar a ponerse las pilas y agarrarse los machos si quieren poner en algún aprieto a este Barcelona, que por cierto, y sin ánimo de desanimar a nadie, tiene la plantilla más joven de todos los equipos de Primera, con apenas 24 años de promedio. Vamos, que nos espera una década de aburrimiento absoluto si alguien no pone remedio.