Excesiva preocupación advierto porque el Barça cede 17 jugadores a sus respectivas selecciones nacionales en el parón liguero más extenso de hace muchos años. No lo entiendo. Porque lo primero que se me ocurre preguntar es ¿si estaría mejor visto por el equipo técnico, los propios jugadores, la afición y la prensa que aportara menos o ninguno? Sería más normal pensar que toda esta necesidad de las selecciones de contar con sus jugadores conduce a imaginar que el Barça cuenta con los mejores del mundo y que ello contribuye a elevar el prestigio del club, al mismo tiempo que aumenta el precio de los futbolistas y el equipo obtiene mayor reconocimiento mundial. Siempre preferiré un club que aporta, a otro que pasa inadvertido. El que suma, gana prestigio. El que no, pierde, no cuenta.
Dudo por otro lado que la otra gran preocupación azulgrana sea Raphinha, el futbolista mundial más en forma en este momento, porque realizará un viaje de 35.000 kilómetros para jugar tres partidos con Brasil en Australia y la India. No creo que estas citas turben especialmente el estado de excitación que vive el hombre que ha marcado 12 goles en la liga española en siete partidos. Todo lo contrario. Raphinha es el futbolista más feliz de Brasil en este final de año. Y sus deseos de jugar con su país después del fracaso sufrido en el Mundial de Estados Unidos, donde jugó los dos primeros partidos y se perdió los tres siguientes por lesión, representan todo un desafío para él.
Que los culés más pesimistas piensen o imaginen una lesión con su selección del mejor “9” que se ha encontrado es normal. Temen eso. Yo, en cambio, solo deseo que Raphinha aparezca durante estas dos semanas como el nuevo líder de un Brasil que hace mucho tiempo perdió sus mejores referencias y sus ídolos.
