Barça y Real Madrid son dos polos totalmente opuestos, dos modelos, estilos, formas de entender la vida y de representar condenadas a un choque va mucho más allá de un simple partido de fútbol, y cuando únicamente estamos a septiembre, ya hemos podido ver hasta dónde llegan estas diferencias.
Las declaraciones de Kylian Mbappé haciendo su particular campaña para el Balón de Oro, acompañadas, como no, de la maquinaria del conjunto blanco no han sorprendido a nadie, aunque es evidente que los números, la trascendencia del francés en el juego y, especialmente, los títulos, hablan por sí solos y no a favor de la estrella blanca, quién ha dado cierta vergüenza.
Es cierto que, como hemos visto en Universo Valdano, el de Mataró parece haber entrado en la campaña para contrarrestar al francés, afirmando que ambos son los mejores jugadores del mundo aunque él lo merezca más por los títulos conseguidos esta temporada, palabras respetuosas y sinceras, quizás consciente de que este tipo de trofeos individuales tienen un componente político demasiado importante como para no hablar, tal como demostró Cristiano Ronaldo ganándolo contra un Leo Messi con mucho mejor currículum que él y infinitamente más talento, pero sin ganas de entrar en este tipo de peleas mediáticas.
obviando a sus compañeros y pidiendo directamente el título pese a no haber ganado absolutamente nada, algo que, si hubiera sido al revés, los culers habríamos criticado con dureza a un jugador blaugrana ególatra, pero que no pasará al revés.
Rodri también ha probado estas formas en Mestalla, tras hablar con Cubarsí en el banquillo mostrando su sorpresa al estado del Valencia, una conversación privada sin ánimo de ofender a nadie que ha molestado, si esta es la palabra, más en Madrid que en Valencia, y ha obligado al futbolista a pedir perdón, mientras en el mismo estadio y muchos otros hemos visto como Vinicius se dedicaba a enviar a segunda a todas las aficiones y a pronunciar palabras mucho peores que las de Rodri, que además no fueron en privado sino a plena vista, sin que pasara nada de nada.
Justamente Cucurella ya fue protagonista cuando Messi denuncio el mismo hecho, sin que viera la misma cartulina roja que otros futbolistas en el Mundial, y con toda la maquinaria en contra del astro argentino, que como buen señor que es, nunca ha confesado qué le dijo el lateral.
Seguramente el Barça no podría tener ni defender el estilo del R. Madrid ni tampoco los blancos podrían sentirse cómodos y disfrutar con el estilo blaugrana, son dos modelos totalmente opuestos, donde cada cual defenderá el suyo como el bueno y criticará el otro, otro aliciente más de esta gran rivalidad, pero sí que sería necesario ser más justo, usar la misma vara de medir y exigir lo mismo a todos, o como mínimo, que el candidato al Balón de Oro se gane en el campo y no en la sala de prensa.
Que mientras unos venden jugadores de la Fábrica para fichar cracks, otros los crean y preparan en la Masia es la clara representación de como de diferentes son Barça y Madrid, como ambos representan a Catalunya y España, al modelo de juego o la titulitis, a la defensa de club y sus secciones o al estilo presidencialista centrado en el primer equipo de fútbol, puntos que definen la forma se ser y hacer de cada club.Para los blaugranas, queda claro que el Més que un Club es mucho más que un eslogan, como es la defensa de la cultura, las secciones, la lengua, los valores y una forma de ser que, ni es mejor ni peor, sino que es la que hace al Barça un club único en el mundo, unos valores que defenderemos a capa y espada, contra todo y frente a todos, porque eso significa ser blaugrana; seguir siendo tú mismo y defendiendo lo que eres, mientras la maquinaria está en marcha.
Por cierto, será parte de estas diferencias, pero también a unos les recalifican terreno mientras los otros se recuperan económicamente, con unas reglas de la Liga y del fair play que ahora, ya no gustan a casi nadie.
