Hay un grupo de culers que han arrufat el nas cuando Lamine Yamal ha reclamado que merece el Balón de Oro. En realidad, ellos están de acuerdo con Lamine. Y, si no lo están, sí desean que lo gane. El problema no es lo que dice, sino que lo diga.
No comparten que la evidencia se haga pública, pues la humildad y el perfil bajo, la prudencia y el bienquedismo siempre deben imponerse a los deseos, legítimos, que pueda tener una persona.
Sucede que pusieron el grito en el cielo cuando Mbappé hizo campaña para ganar el galardón en la sala de prensa, tratándolo de chulo y arrogante. Y, por supuesto, se deleitaron con lo que ellos consideraron una lección, un ejemplo de humildad de Yamal en rueda de prensa: «No voy a suplicar el Balón de Oro». Como si, en la misma rueda de prensa, Lamine no retara a Dembélé y Mbappé: "No les caigo bien porque les he ganado cuando hemos jugado".
Es parte del relato: siempre se le ha recriminado al madridismo la prepotencia y chulería que encarnaba Cristiano, el antihéroe perfecto de Leo Messi. "A Messi nunca le escuchamos decir que merecía el trofeo", repiten hasta la saciedad.
Lo siento, tras cuatro años en la élite, desengáñense: Lamine Yamal no es Messi y nunca lo será. Es un futbolista diferente, con una personalidad y un estilo de vida opuestos al del mejor jugador de la historia del fútbol.
Les recomiendo que disfruten de Lamine Yamal, si pueden, la mitad de lo que disfrutaron con Messi. Les esperan amplias cotas de disfrute. Sería bueno que le dejen ser quien es y que no los comparen constantemente, ni dentro ni fuera del campo. No es bueno para Lamine.
Yamal es un postadolescente que domina la escena como nadie a su edad, tiene un perfil mediático propio, engancha a las nuevas generaciones y basa su fútbol en la superioridad, la pillería, la autoestima y el descaro, que expresa también en las entrevistas.
Les recomiendo que disfruten de Lamine Yamal y dejen de aleccionarle para que se comporte como ustedes quieren: con perfil bajo, falsa humildad y siempre en un segundo plano. Dejen aquello de ni un paper a terra y atrévanse a gritarle al mundo que Lamine es catalán, que juega en el Barça y que es la hostia.
