No cabe duda que los primeros partidos de la presente temporada han llevado un estado de ánimo entre la ilusión y la euforia a los barcelonistas. Razones no faltan. El equipo de Hansi Flick carbura y eso es producto de que juega bien, gusta, marca goles y gana partidos. No hay más secretos. Es cierto que hasta ahora los rivales han sido de nivel medio-bajo, pero no se puede obviar que, cuando llegue el más alto nivel de exigencia, el equipo habrá crecido aún más y estará capacitado para aceptar esos retos más difíciles. ¿Será así?
Sin echar agua al vino del que parece el mejor proyecto de Flick, en relación a los dos anteriores, cabe poner el acento en detalles básicos a mejorar para alcanzar un hito llamado Champions, que parece ya una obsesión.
El primer detalle insuficiente es la falta de altura en la defensa, lo que se evidenció ante el Rayo cuando Camello remató un córner con la cabeza para marcar el segundo gol. De cabeza, sí, pero lo peor es que fue casi en el área pequeña. Porteros aparte, el jugador más alto de la plantilla es Rodri (1,91), seguido de Bernal y Christiansen (1,88 ambos). Del resto de la defensa, Gerard Martín es el más alto (1,86). Cabe subrayar el mérito y la habilidad del indiscutible Cubarsí que, con sus 181 cm, es capaz de superar rivales de gran envergadura. A veces, parece que hace magia para resolver situaciones comprometidas, como aquel despeje milagroso en el último minuto de la final del Mundial.
Es imprescindible, pues, trabajar el juego aéreo que plantearán rivales de Champions, como City, con ese portento llamado Haaland. Por suerte, Aston Villa, el otro inglés que nos espera, cedió al gigantón (1,98 m) Woltemade a la Juve. La defensa también inquieta por la notoria falta corpulencia desde que se fue Íñigo Martínez.
Otro defecto que causó estragos en el pasado fue su colocación en el campo, con ese arriesgado sistema del fuera de juego radical, que en la pasada temporada costó la eliminación en Champions y Copa, ambas ante el At. de Madrid, tras las expulsiones de Eric y Cubarsí persiguiendo rivales. Tropezar en la misma piedra sería inadmisible y por eso, en los compromisos coperos, cuando los errores no son subsanables, Flick debería tener preparado un plan B. No se puede ir por Europa regalando 40 metros de espacio a los rivales para que contrataquen. El primer gol encajado en Liga, de contragolpe ante el Rayo, fue la primera lección de cuanto decimos: un extremo que rompe el fuera de juego (Álvaro García) y que da el pase de la muerte a su delantero (Camello), que marca totalmente solo. Una vez más.
Además de los precedentes citados ante el At. de Madrid, cabe recordar que el Barça cayó en semifinales de la Champions 24/25 tras meterle seis goles a todo un Inter. Lo malo fue que el Inter les hizo siete. ¿Recuerdan? Los regalos en defensa han sido el talón de Aquiles de Flick y no es aconsejable repetir frivolidades ante los más grandes.
Por lo demás, la plantilla está compensada, los puestos duplicados y alguno incluso triplicado. La sala de máquinas cuenta con tres arquitectos como Pedri, Rodri y Bernal, a los que cabrá añadir De Jong y el prometedor Fariñas. En la media punta y la delantera hay una completa sinfonía de “cracks” de nivel mundial, como Lamine, Raphinha y Fermín, a los que se han añadido Adeyemi, Gabriel Jesús y, sobre todo, Gordon, la gran revelación del comienzo de la Liga, que ofrece asistencias de gol, pero también posee una gran capacidad para liderar la presión tras pérdida, lo que contagia a sus compañeros.
Evitar que el rival salga cómodo con el balón controlado resulta imprescindible para compensar las carencias defensivas.
Se ha dicho que esta es la mejor plantilla de las tres de la era Flick. Eso está por demostrar, aunque los 4 goles de promedio en Liga (12 en 3 partidos), la reconversión de Raphinha en ariete y la recuperación del mejor Lamine, entre otros prometedores detalles, invitan a pensar que hay madera para culminar una temporada histórica. El primer reto es seguir con la racha goleadora y olvidar a Lewandowski, Ferran y Rushford, que marcaron 37 de los 95 goles en la Liga. Un 39%.
