Leo Messi, manteado por sus compañeros de Argentinas tras remontar contra Egipto en octavos del Mundial EFE
A sus 39 años, Leo Messi ha anunciado que se retira de la selección argentina, después de haber sido uno de los grandes protagonistas de este Mundial, posiblemente el mejor jugador de la competición junto a Pau Cubarsí. Pese a su edad, lideró a la albiceleste hasta una nueva final, demostrando su infinito talento, mientras por dentro lidiaba con la enfermedad de su padre, a quien dedicaba cada gol y cada triunfo.
A estas alturas, está claro que el 10 no tiene que demostrar nada a nadie y que es el mejor jugador de la historia sin contar los títulos ganados, pero no deja de ser sorprendente que, después de tocar la gloria en Qatar y conseguir su ansiado Mundial con Argentina, Messi volviera a intentar conseguir este torneo una vez más.
Tal como decía la canción, este era el último de Leo (aunque visto su nivel bien podría haber llegado a la Copa América), pero realmente si hubiera querido hubiera podido dejar la selección después de conseguir el título en 2022, o incluso, después de otra Copa América en 2024. Messi ha demostrado una vez más que no le gustan los caminos fáciles y que es un animal competitivo que se guía por los sentimientos.
Ciertamente hubiera sido mucho más fácil retirarse que volverlo a intentar, con el riesgo de no conseguirlo, y decir adiós a la albiceleste con un subcampeonato y no siendo campeón. Realmente Messi ha dado otra lección sobre la clase de jugador y de persona que es, pues ha preferido el camino difícil, el de no rendirse nunca y seguir luchando e intentando conseguir todo lo que se proponga, mientras lidiaba con una situación personal muy complicada.
La historia de Messi nunca ha sido fácil, desde los problemas de crecimiento que tuvo, pasando por todos los relatos y comparaciones que ha tenido que aguantar, primero con Sneijder, después con Cristiano Ronaldo, y siempre con Maradona; críticas infundadas e, incluso, momentos muy delicados con la selección, junto a incomprensión y críticas, que le llevaron a renunciar de la albiceleste, aunque decidió volver.
Messi es un ejemplo de que los sueños valen la pena pero que exigen un esfuerzo, pues por mucho que sea el mejor jugador de todos los tiempos, ha pasado por infinidad de momentos delicados y duros que ha tenido que superar para conseguir lo que tanto ansiaba.
Tras el fallecimiento de su padre Jorge Messi ha quedado claro que el astro argentino no sólo jugó por su país y por no rendirse nunca, lo hizo también por su padre, por ese compromiso inquebrantable que tenía con su fan número uno, y que, aunque tuviera que jugar roto de dolor por la situación por la que pasaba su familia. Eso era lo que quería su progenitor, una muestra más de lo que Leo es y lo que su mundo, país y familia significan para él.
Este último Mundial únicamente certifica que, sin tener que demostrar nada a nadie y con todo totalmente hecho en su carrera deportiva, rendirse nunca es una opción. Prefirió volverlo a intentar e irse con un subcampeonato, que no optar por lo fácil y retirarse con el oro, un ejemplo a seguir para las nuevas generaciones, que viven con un fuerte vacío el retiro del mejor de todos los tiempos, con las dudas de los tiempos que vendrán en la albiceleste.
La grandeza se mide en mucho más que títulos, que también son importantes y donde Messi los ha conseguido todos, destacando las Ligas, las Champions, el Mundial y las Copas América; pero su legado va mucho más allá: es su juego, la trascendencia en el equipo y sus compañeros, la visión, la inteligencia y también todos los actos benéficos en los que ha participado, como se puede comprobar con esta sensación de vacío tras conocer su retiro.
Cuesta entender el mejor Barça de la historia sin Messi, que también se juntó con jugadores clave como Busquets, Xavi o Iniesta. El argentino ha estado presente en cuatro de las cinco Champions blaugranas y en el equipo que mejor fútbol desplegó de toda la historia, posiblemente irrepetible, que cambió la mentalidad de la afición del Barça y certificó que la apuesta por ese modelo de juego y la Masía era correcta.
Messi se ha convertido en una pieza clave de la historia del Barça y de Argentina, e incluso, en uno más de la sociedad catalana, en la que ha participado y mucho, como destaca su implicación en Hospitales y su implicación en la Masía, por lo que todavía nos duele demasiado su salida prematura del Barça y la forma en la que se produjo.
Puede que a la carrera de Messi le quede poco tiempo, Leo podría jugar donde quisiera, y seguramente en un Barça que busca un delantero centro aportaría mucho y sería clave para Flick.
No le quedaba nada por hacer ni demostrar, pero tuvo el valor de volverlo a intentar con Argentina y podría volver donde quisiera pese a su edad, siendo el jugador clave que nunca ha dejado de ser. Aunque será él el que decida su destino, a pesar de que es una persona que mantiene su compromiso, en este caso con el Inter Miami.
Y sobre que no le queda nada por hacer… este Mundial ha sido la enésima lección de Messi, el 10 que toda Barcelona idolatró y de la que no se pudo despedir, por lo que en su carrera todavía queda la despedida que nunca pudo tener, sea de la forma que sea, pero con un Camp Nou lleno para ver al mejor jugador del Barça y también de la historia.