Hansi Flick fue la solución de Joan Laporta para calmar a un club convulso en 2024, igual que lo fue Pep Guardiola en 2008. En tiempos difíciles, el presidente del Barça siempre ha encontrado el mejor remedio para reactivar al Barça. Sus recetas económicas tal vez no son las mejores, o tal vez sí, al menos para los socios, pero Laporta se maneja bien en el mundo del fútbol.
Laporta se mueve por sensaciones. Sabe escuchar y en 2021, tal vez asesorado por Pini Zahavi, ya quiso fichar a Flick, entonces seleccionador alemán. La gestión de Ronald Koeman no le convencía; tampoco Xavi Hernández, a quien veía "muy verde". El presidente del Barça cedió a la presión del entorno y contrató al mejor centrocampista de la historia para superar un momento crítico, pero nunca creyó en él.
Con Xavi, el Barça ganó la Liga y la Supercopa de España en la temporada 2022-23, pero el técnico de Terrassa se estrelló un año después. Entonces sí, Laporta activó el fichaje de Flick, un técnico tan metódico como cercano y exigente.
Flick sorprendió por su gran conocimiento del Barça e impuso su autoridad en el vestuario. Apostó por un fútbol ofensivo, con más vértigo del que estaba habituado el equipo, y el Barcelona ganó Liga, Copa y Supercopa en su primer año. En el segundo, introdujo más pausa y completó otro buen año (Liga y Supercopa) a pesar de las menores prestaciones de futbolistas clave como Koundé, Balde, Pedri, Lewandowski y Raphinha.
Laporta, hoy, está encantado con el manual de Flick. También, Deco. Y los aficionados. Los futbolistas, sin embargo, perciben que el técnico les aprieta las tuercas después de un verano marcado por el gran éxito de la selección española en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá.
Flick sabe que está en manos de los futbolistas y ha aprovechado el regreso del Barça a la norma del 1:1 para cambiar algunas piezas. No quiere síntomas de relajación en su plantilla. Quiere jugadores motivados, con hombre. El día antes del estreno en la Liga, el técnico sentenció a Casadó y Fort, y no tuvo reparos en asumir una posible salida de Koundé y Balde.
"Yo podría tener más amigos, pero el Barça tendría menos títulos", sostenía Valero Rivera en sus años como técnico del Barça de balonmano. Flick, posiblemente, comparte la filosofía de Valero. Este verano, ha cambiado algunas piezas. Celebra el fichaje de Rodri, sin duda el mejor mediocentro posicional del mundo, y ha incorporado a futbolistas muy rápidos, tal vez porque quiere imprimir una marcha más a un equipo obsesionado con ganar la Champions. La Liga ya no es suficiente.
