La salida de Ferran Torres ha causado pocos daños colaterales en el club blaugrana, más bien todo lo contrario. Ni tan siquiera el hecho de que se marchara el único 9 que quedaba en la plantilla ha sido suficiente motivo para evitar su traspaso al PSG. Lo cierto es que la oferta era irrechazable para Deco: recibir 50 millones por un jugador que dentro de un año se puede ir gratis es un regalo caído del cielo. Además, Ferran nunca ha contado con el beneplácito absoluto de la grada, como recordaba el valenciano cada vez que marcaba un gol, haciendo gestos extraños (tapándose las orejas o la boca) a modo reivindicativo. Su apodo de tiburón, que él mismo fue alimentando hasta en sus peores momentos, era recibido entre la afición con más guasa que otra cosa. Suplente eterno desde que llegó al FC Barcelona hace cinco años, nunca pudo alcanzar la regularidad deseada ni tampoco una posición clara en la línea de ataque, donde no acabó de cuajar en ninguna. Su gol en la final del Mundial le ha servido a Deco para venderlo con más premura y a un mejor precio.

Este éxito absoluto de la comisión deportiva ha tenido el mejor colofón posible con la incorporación de Rodri, el mejor jugador del Mundial y Balón de Oro hace dos años. Un auténtico megalodón se mire por donde se mire. Para aquellos despistados que no sepan que es un megalodón, sólo decirles que es un tiburón prehistórico que triplicaba las dimensiones de los actuales escualos. Uno de los mayores depredadores de la cadena evolutiva, capaz de zamparse de un bocado a cualquier 'tiburoncito' que se le cruzara por su camino.

El fichaje de Rodri ha sido simple y llanamente un bofetón a mano abierta al Real Madrid, recordando incluso al varapalo que se llevaron los aficionados culés cuando vieron de la noche a la mañana que su capitán y héroe, Luis Figo, cogía el puente aéreo para fichar por el club blanco, por el compromiso que había firmado con Florentino Pérez en el caso de que ganara las elecciones. Ahora no ha hecho falta ningún documento guardado en una caja fuerte ni una promesa electoral para que Rodri se marche al FC Barcelona. Ha sido todavía más duro para los madridistas, ya que el internacional español ha escogido el equipo que mejor se adapta a sus virtudes futbolísticas, echando por tierra las aspiraciones de Jose Mourinho de tener un líder en la sala de máquinas. El jugador más esperado por el Real Madrid, no sólo les ha dado calabazas, sino que se ha ido al máximo rival.

El pataleo del club blanco no se ha hecho esperar. Los altavoces madridistas han subido el volumen para proclamar que Rodri no era necesario para el Real Madrid, que nunca fue la primera opción, que pagar 65 millones por un jugador que acaba contrato dentro de un año es una temeridad, que llega tocado de su espalda tras su reciente intervención, que no se entenderá con Pedri y que frenará la progresión de Bernal.

Argumentos tan estériles como falaces que confirman el daño que ha hecho en la capital el fichaje de Rodri por el FC Barcelona. Un jugador que, por cierto, ya tuvo que aguantar la falta de respeto por parte del club blanco hace dos años en la gala del Balón de Oro en París cuando nadie de la comitiva de la entidad madridista acudió al filtrarse que el premio lo iba a recibir el entonces jugador del City en detrimento de Vinicius. Aquí el madrileño tomó buena nota, pudiendo vengarse dos años después de semejante afrenta.

Con los deberes casi hechos por parte de Deco, ahora solo falta rematar la jugada con el fichaje del 9. Ahora mismo las opciones de traer al argentino Julián Álvarez parecen más lejos que nunca, por lo que habrá que esperar qué sorpresa nos depara el responsable de la dirección deportiva para cubrir esa posición, a día de hoy totalmente huérfana tras las salidas de Lewandowski y Ferran. Con Haaland y Kane totalmente inalcanzables, todo el mundo espera un golpe de efecto por parte de Deco, una jugada maestra que vuelva a sorprender a propios y extraños. Con el fichaje de Rodri ha sacado uno de sus mejores trucos de la chistera, ahora podría emular al mítico mago Juan Tamariz y homenajearle con otro as guardado en la manga.