Ferran Torres ya está "en el club adecuado para ganar la Champions". Tal cual lo dijo el valenciano al hacerse oficial su fichaje por el PSG, acompañando de vídeos varios, declaraciones de amor y una despedida fría y poco convincente hacia el Barça, el club en el que jugó cuatro años y medio para acabar siendo, casi, un espectador de esta novela.
No por el desenlace propiamente dicho pero sí por descubrir al club como un simple convidado de piedra en lo que podríamos llamar sainete. El jugador, en pleno Mundial, enfriando su permanencia y, ya como campeón y goleador chachipilongui de la final, dedicando un tour planetario a hacer de menos al Barça. A ver, que hace bien dicen algunos, aprovecha su momento explican otros. Pero se diría que el Barça es un cualquiera. A vender y callar. Y en unas condiciones... Pues eso.
Uno se acuerda del momento en que se marcharon Robert Fernández o Romario da Souza, futbolistas indiscutibles para Johan Cruyff y a los que el holandés, como voz cantante del Barça, despidió a su manera... Y dando la sensación, regalando la seguridad, de que era él (y era el club) el que llevaba la voz cantante. Ahora nada de nada. Hansi Flick reconoció haber conversado con Ferran antes del Mundial y esperarle de vuelta.
Añorado Johan
Pero desde que quedo clara su venta, ni una palabra. Y es entonces cuando se echan de menos esas charlas off the record con Cruyff. Bueno, no precisamente off the record, simplemente conversaciones ya fuera de camino al entrenamiento en el Miniestadi, de vuelta de La Masia o, más aún, apoyados en la barra del bar de la antigua y añorada Pista de Gel, junto al Palau Blaugrana a primera hora de la mañana.
Si de Flick, tan amable y cercano en la sala de prensa como totalmente inaccesible fuera de ella, tuviéramos la oportunidad de conocer de primera mano sus pensamientos, opiniones, dudas y hasta apuestas no se multiplicarían alrededor del Barça las especulaciones, falsedades, noticias falsas y tonterías varias que son el pan de cada día.
"Esto que has dicho no es verdad. La próxima vez antes de nada vienes y me lo preguntas". Esta frase, tal cual, la dijo una vez un futbolista de aquel Dream Team que dirigía Cruyff. No uno cualquiera, uno con peso específico en el vestuario y en el campo. Y lo dijo rodeado de informadores y otros jugadores. Porque entonces, claro, todos se conocían en aquella zona de vestuarios, bajo la tribuna principal. Y cuando lo dijo... Cruyff ya sabía que lo decía.
Allí se podía discutir a gritos con Busquets (Carlos), concretar una comida con Abelardo o quedar con Laudrup y Koeman para hacer "unas fotos". O llevarle un pastel a un jugador de la Quinta del Mini al Miniestadi, donde podían estar todos para fotografiarse... con un Mini.
Y todo eso lo controlaba, sin que lo pareciera, Cruyff. Capaz de elogiar al criticado en la crónica del último partido o bajarle los humos al que había recibido todos los elogios periodísticos, Johan sabía todo lo que ocurría alrededor del vestuario (y también fuera de él). Dominaba el discurso del Barça como nadie y nunca permitió que se le escapase ese control.
Ahora es imposible alcanzar a conocer qué piensa realmente Hansi Flick porque te lo dirán en el club, nunca él. ¿Hablar con un futbolista? Más imposible aún si no eres un streamer, un creador de contenido, un influencer... ¿Pero un periodista que va a los entrenos y escribe del equipo? Ni de casualidad. Y a los otros, aquellos que sí hablarán con el futbolista de turno ni se les ocurrirá hacer una pregunta incómoda. Baño y masaje que se decía... Y que hoy es la norma innegociable.
Flick y los futbolistas (parapetados por servicios de comunicación que les mantienen alejados del mundo terrenal y se dicen llamar 'fuentes', que nada tienen que ver con las de verdad, de toda la vida) viven en su mundo ideal. Y aunque todos hablan de Cruyff con admiración y hasta dan a entender que sería un ejemplo a seguir... Ni de casualidad se lo plantean. Ni plantearán.
