A siete días del inicio de Liga, Hansi Flick hace cuentas y el resultado no cuadra. Se han marchado Lewandowski, Rashford y Ferran Torres, y con ellos 54 goles. Cincuenta y cuatro. No es un dato: es una temporada entera de producción ofensiva que alguien tendrá que reponer. El delantero centro que le prometieron al técnico alemán sigue siendo, a día de hoy, una idea, un nombre en una carpeta y un teléfono que no termina de sonar.
El riesgo es evidente. La obsesión por Julián Álvarez puede dejar al Barça a dos velas. Cuando una dirección deportiva lo fía todo a una operación que no depende de ella, el mercado se cierra y el vestuario se queda mirando al banquillo. Y Flick, que ha ganado con lo que tenía, empezará el curso con menos de lo que ya tenía.
El PSG ha tocado la gloria sin un nueve nato, cierto. Pero conviene mirar la letra pequeña antes de usarlo como coartada. Dembélé firmó 20 goles, Kvaratskhelia 19, Doué 13, Barcola 13, Gonzalo Ramos 12. No necesitaron un rematador de área porque tenían cinco futbolistas capaces de llegar a los dobles dígitos. Prescindir del killer solo es viable cuando el gol está repartido. Repartirlo es exactamente lo que el Barça ha dejado de hacer. Ahí está el error de bulto: no renovar a Ferran Torres.
El delantero de moda, el hombre que marcó 19 y 21 goles en las dos últimas Ligas de Flick, el que sostuvo el ataque cuando Lewandowski ya estaba tieso. Más allá de las gorras, las banderas y las declaraciones, Ferran ha tenido un comportamiento ejemplar y una profesionalidad extraordinaria: rindió cuando le tocó esperar y rindió cuando le tocó jugar. Se le compensa no ofreciéndole la renovación. Si Luis Enrique lo quiere es porque sabe algo que en Barcelona alguien ha olvidado que los títulos se ganan también gracias al jugador 12, el 13 y el 14. Con los que entran en el minuto 65 y deciden.
En su lugar han llegado Gordon y Adeyemi. Buenos futbolistas, pero no goleadores. Se cambia gol por promesa de gol.
Laporta y su maquinaria mediática teledirigida deberían dejar de triturar a los jugadores y a los entrenadores que dejan de resultarle útiles a la cúpula directiva. Messi, Ferran, Frankie de Jong y Xavi son ejemplos nítidos de un mismo procedimiento: primero se les vacía de crédito público y después se justifica la salida. Resulta paradójico —y hay que celebrarlo— que el denostado entrenador de Terrassa haya sido el elegido para dirigir a la selección que pretende mantener vivo el legado futbolístico de Johan Cruyff. La historia coloca a cada uno en su sitio, aunque tarde.
Porque lo cierto es que dar estabilidad a la delantera es la gran asignatura pendiente de la era Laporta. Repasen la lista: Kun Agüero, Luuk de Jong, Memphis, Jutglà, Ilias, Aubameyang, Adama Traoré, Abde, Dembélé, Vitor Roque, Joao Félix, Pau Víctor, Ansu Fati, Lewandowski, Rashford, Ferran Torres. Dieciséis nombres para tres posiciones. Ninguna continuidad, ningún proyecto reconocible. La sensación es que, en lugar de conservar lo que funcionaba y mejorarlo, se ha desmontado sistemáticamente aquello que ya daba resultados.
No todo son sombras. El fichaje de Rodri, cuestión de horas, es un acierto mayúsculo. No es solo un centrocampista de primer nivel mundial: es un futbolista que reafirma la idea de fútbol, el estilo que le funciona al Barça. El encaje del mejor jugador del Mundial será inmediato porque no hay que explicarle nada: juega a lo que aquí se quiere jugar.
Pero hay posiciones que siguen cojas y que ningún foco sobre Rodri debería taparlo. Falta un central izquierdo para el día —inevitable— en que Gerard Martín se lesione. Y falta un lateral izquierdo de verdad, no el parche repetido de la terecera etapa de Joao Cancelo, que contra el Levante es un extremo más y contra el Bayern es un boquete defensivo. Esa diferencia, en abril, cuesta eliminatorias. Si Laporta quiere empezar a conquistar los títulos internacionales que sí se ganaron sus presidentes antecesores, tiene el material para hacerlo: una generación de canteranos magnífica que ha recibido en herencia. Se trata de potenciarla con futbolistas que marquen diferencias. No solo con favores a Jorge Mendes.
