Julián Álvarez y Ferran Torres en un fotomontaje CULEMANÍA
Cuando el Balón de Oro 2024 y mejor jugador del pasado Mundial ha despreciado la posibilidad de ir al Real Madrid y ha señalado al Barça como su preferido para dejar el City (pongamos que hablo de Rodri), el mercado de fichajes ha reventado sus costuras. Con un Real Madrid herido, la renovación de Vinicius y la contratación de Diomande han pasado a un segundo plano. El batacazo ha sido histórico porque Rodri no era un cromo más de la colección, sino que debía ser un jugador básico e imprescindible desde que se fueron Modric y Kroos.
Ahora mismo, el Real seguirá una temporada más (y serán tres, si no pone remedio) sin director de juego y sin delantero centro para la alta competición, pese al fichaje del todavía inexperto Espí para suplir a Gonzalo, traspasado al Fulham de Arbeloa.
Dudo que la situación sea del agrado de Mourinho, aunque nada invita a pensar que sustituirá su habitual táctica agresiva de la “patada a seguir” por un fútbol más pausado y elaborado, en el que Rodri iba a ejercer de director. Sin él, el equipo seguirá descabezado, ya que Valverde, Tchouaméni y Camavinga no generan ni la mitad de fútbol que aquél.
Tras el flirteo de Rodri con Enrique Riquelme, el rival de Florentino Pérez en las elecciones a la presidencia del Real Madrid, se daba por seguro que Rodri quedaba fuera de la órbita del club. Pero un inesperado giro de guion, por la presión popular y mediática, propició un acercamiento que, a la hora de la verdad, ha roto el propio Rodri cuando, a regañadientes, en el club blanco estaban preparando una oferta por el jugador. Como detalle adicional, en la última auditoría aparecía el Barça como moroso, por impago al City de más de 13 millones, por el traspaso de Ferran Torres hace ya cuatro años.
Ahora la pelota está en el tejado del Barça, que deberá pactar con el City el importe del traspaso en un momento no tan boyante en lo económico y en plena ofensiva por Julián Álvarez, cuyo precio no bajará de los 100 millones. Es la otra cara de una moneda en la que alguna joven promesa blaugrana, como Bernal, será el principal perjudicado.
El futuro de Torres
Paralelamente, Laporta y Deco tendrán que lidiar este agosto con el futuro de Ferran Torres. Cuestionado desde que llegó, el valenciano ha tenido que vivir tres años a la sombra de Lewandowski, por lo que ha sufrido una permanente discontinuidad en las alineaciones, que es lo peor que le puede suceder a un futbolista, sobre todo si su lugar de trabajo es el área, ya que siempre se le juzgará por su grado de acierto ante la portería.
Tener en la plantilla a Torres, el autor de un gol que ha decidido un título Mundial (como ocurrió con Iniesta en 2010), es un privilegio. Si, además, el mejor jugador joven del evento ha sido otro integrante de la plantilla, como Cubarsí, es insólito. Pero, si añadimos que nueve jugadores formados en la Masía estaban en las listas de los dos finalistas, es una lluvia de prestigio. Amén del posible fichaje del laureado Rodri.
Quiero con ello decir que en el Barça debería vivir este verano un estado permanente de fiesta mayor por tantos logros que han despertado la admiración, no exenta de envidia en algunos casos, desde simples aficionados a los altos estamentos del fútbol.
De esa fiesta mayor, nada por ahora. El culebrón del verano se ha centrado en la posibilidad de que Ferran se vaya al PSG o a otro club, tanto por su incomodidad, al haber sido cuestionado desde que llegó, como también, al parecer, por esa cláusula de 8 millones de euros que el Barça deberá pagar al City, en caso de prolongarle su primer contrato (entre paréntesis, ese contrato no es herencia de Bartomeu).
Para acabar de arreglar el asunto, el club sigue decidido a fichar un delantero como Julián Álvarez, tasado en más de 100 millones y que, en su segunda temporada en España, logró 8 goles en la Liga, cuatro de ellos a balón parado, mientras Ferrán consiguió 16, todos de jugada, a un gol de distancia de Mbappé, sin penaltis y con la mitad de minutos jugados respecto a este.
Tras el adiós de Lewandowski, la salida de Torres supondría un duro golpe si no llega Álvarez. Hansi Flick, que se conforma con todo, tendrá que hacer magia para solucionar el sudoku que se le avecina. Por si acaso, en los entrenamientos dicen que está ensayando un sistema con un falso nueve: Fermín, Olmo o el propio Lamine.
Comprar a Álvarez y Rodri y renovar (o sea, mejorar) el contrato a Torres no sé si podrá digerirlo la precaria situación económica del Barça, que ha hinchado más sus deudas al recurrir a una emisión de bonos, por 210 millones, porque parece haber llegado al techo de su capacidad crediticia.