Al delantero inglés, Gary Lineker, más allá de su pasado blaugrana, se le conoce por ser autor de una célebre frase que pronunció en la década de los noventa tras perder una eliminatoria de la Eurocopa ante Alemania: "El fútbol es un deporte que juegan once contra once, pero que siempre gana Alemania". Una profecía que el paso del tiempo se ha encargado de desmentir categóricamente: los germanos llevan doce años sin ganar un Mundial y treinta sin hacer lo propio en la Eurocopa.

De hecho, en estos tiempos que corren, la única selección que encajaría a la perfección en la profecía de Nostradamus Lineker es España. No hay ningún país que ejerza semejante monopolio en el fútbol mundial, y aún menos durante tanto tiempo. España no sólo es el único país que ha ganado dos Mundiales en el siglo XXI (2010 y 2026), si no que también es el vigente campeón de la Eurocopa (2024), de los Juegos Olímpicos (2024), del Europeo sub-19 (2026) y del Mundial femenino (2023) y la Liga de Naciones femenina (2025).

Pero lo peor de todo para el resto de países, no es solo la derrota que sufren cada vez que juegan contra el combinado español, si no la suficiencia con la que son superados. Ganar un Mundial encajando sólo un gol en ocho partidos demuestra que estamos ante una rendición general y sin condiciones, casi peor que la que firmó Francia ante Alemania en el vagón de la Compiegne durante la Segunda Guerra Mundial.

Aún más humillante, si cabe, fue el paso de los chavales de la sub-19 en el último Europeo, celebrado en Gales, donde se fueron del torneo sin haber encajado ni un gol, superando a Alemania (2-0) en la final sin apenas despeinarse.

Gran culpable de este escenario idílico que vive España es, sin duda, el FC Barcelona, el abastecedor por antonomasia de jugadores, tanto en el masculino como en el femenino. La fórmula de La Masía triunfa en el mundo, como bien se encargó de recordar la FIFA, entregando el premio a mejor jugador joven del Mundial a Pau Cubarsí, y destacando a Lamine Yamal y Leo Messi como las grandes estrellas de la final. Otros galardones, como el de Unai Simón como mejor portero, podrían ser más discutibles, sobre todo teniendo en cuenta que el meta del Athletic sólo hizo cuatro intervenciones en todo el torneo.

Y hablando de la FIFA, Gianni Infantino haría bien de darle una vuelta de tuerca a los próximos torneos internacionales para intentar dar un poco de vidilla al asunto y no convertir este deporte en una dictadura de la Roja, que acabe aburriendo a propios y extraños. Bajo esa premisa, yo propondría al resto de federaciones la posibilidad de que España juegue el próximo Mundial, donde por cierto es además uno de los anfitriones, con dos jugadores menos. Y digo dos, porque solo uno tampoco sería de mucha ayuda, ya que prescindiendo del portero, España seguiría sacando los partidos adelante: no le chutan a puerta ni por casualidad. Con dos menos, al menos, la FIFA se aseguraría nivelar los partidos de España, hacerlos más entretenidos y que hubiera un poco más de incertidumbre en el resultado final.