En el refranero popular español existe un célebre dicho que dice "no se puede pedir peras al olmo', refiriéndose a la imposibilidad de pedir cosas inalcanzables o de exigir en exceso a alguien incapaz de cumplir con las expectativas. En el caso que nos refiere, a este Olmo se le pueden pedir peras, melocotones, plátanos o incluso tomates si hiciera falta, porque estamos ante un caso tan asombroso como insólito. Que un futbolista que juega en un club de forma satisfactoria, pero sin mayores estridencias, que no acaba de tener continuidad en el once por su querencia a las lesiones, acabe jugando un Mundial a un nivel tan espectacular, convirtiéndose en una de las estrellas y referentes de su selección y por ende del campeonato, resulta tan paradójico como extraordinario.

Dani Olmo ahora mismo se ha convertido en una de las estrellas de este Mundial, un auténtico líder, capaz de romper todo tipo de defensas gracias a su clarividencia y precisión, con una lectura de los partidos intachable y una capacidad de generar recursos de juego inagotable. Si a todo esto, añadimos un estado físico pletórico, nos encontramos con un Olmo estratosférico.

De hecho, si viniera un extraterrestre y viera los partidos de España, tendría más o menos claro que Olmo es el mejor jugador de La Roja, el más regular, el más utilizado y el más decisivo.

En condiciones normales, su nombre tendría que aparecer como el MVP del Mundial, ya no digamos si gana España la final, y ser un serio candidato para el Balón de Oro. Pero para conseguir ambos objetivos, aparte de ser un gran jugador, se ha de tener un respaldo mediático y de marketing que desgraciadamente el egarense no tiene. En este sentido, el único jugador de La Roja que cuenta con una carga de mercadotecnia ilimitada detrás es Lamine Yamal, quien tiene todos los números de llevarse el Balón de Oro si acaba conquistando el Mundial.

Pero si Olmo está siendo la gran revelación y sorpresa para muchos -si ahora mismo el Barcelona lo pusiera a la venta por 150 millones seguramente se lo quitarían de las manos-, el caso de Pedri es prácticamente el opuesto, hasta el punto de haber perdido la titularidad en los dos últimos partidos por un Fabián más bullicioso y resolutivo. El canario, que tendría que ser una de las estrellas de la gran cita futbolística, no acaba de sentirse cómodo en el campo, con muchos problema para generar su juego, seguramente también víctima de una temporada tan intensa como extenuante, donde lo ha jugado prácticamente todo con Flick.

Después de Olmo, hay otro jugador que está dejando su huella de forma indeleble. Se trata de Marc Cucurella, un lateral izquierdo adrenalínico e impetuoso, que lidera su banda con mano de hierro, secando a todo aquel que osa adentrarse en su territorio. No hay duda de que Florentino Pérez debe estar frotándose las manos al comprobar el acierto del fichaje, tras los experimentos fallidos de Fran García y Álvaro Carreras.

Eso sí, si hablamos de estrellas del Mundial, un nombre propio aparece con luz propia: Pau Cubarsí. Está siendo el mejor central del Mundial, a años luz del resto. A sus 19 años es ahora mismo el 'culpable' de que a Unai Simón sólo le hayan chutado seis veces a portería en todo el Mundial, encajando un gol en siete partidos. Todos los elogios se quedan cortos. Y es que si fuera un delantero y no un defensa, ya tendría que empezar a hacer un hueco en su comedor para colocar el MVP del Mundial y el Balón de Oro al mejor futbolista del planeta.