España ha conseguido crear un grupo sólido, estable y, sobre todo, unificado. Esto es por el buen rollo que desprenden entre ellos y que, pese a ser diferentes, se entienden a la perfección. No es un colectivo de grandes estrellas en cada línea, quizás excepto Lamine Yamal y un medio invisible Pedri, pero actúan como un equipo. Esta es la clave para ganar hoy a Francia en semifinales, que también celebra su 14 de julio personal, con su Día de Fiesta Nacional.
Pero detrás de todo ello, lo más poderoso es el dinero. Estamos hablando de que esta selección puede acabar dando más de un millón de euros a cada jugador, más allá de los patrocinios. Y, ante esta cantidad de dinero por poco más de 15 días, ¿quién puede llevarse mal? España es una de las federaciones de fútbol que mejor paga a sus jugadores, más allá de los premios que se llevan por llegar a una fase u otra o lo que la misma FIFA decide abonar. Por todo ello, la motivación económica es una de las claves para ganar y seguir ganando. Tienen talento, es verdad. Pero no menos cierto es que todo ello se refuerza con unas cantidades ingentes que no sé si casan con la situación económica y global que vivimos todos nosotros.
Más allá de esta motivación, hay también la parte comercial de toda esta historia. Ver a Lamine Yamal con su imagen en tamaño gigante colgada de un taxi en Nueva York es el mejor ejemplo de la jugada maestra de esta selección, que tiene el mejor marketing posible. Si bien es cierto que Lamine no ha formado parte del elenco de jugadores que ja protagonizado el videoclip de Shakira con su Dai Dai para animal el Mundial, la bestia que representa el jugador azulgrana va ‘a su bola’ y sin ninguna necesidad de generar sinergias adicionales para incrementar sus beneficios. La pasión por el fútbol se vive en todo el mundo: desde los fríos noruegos hasta los latinos de Uruguay o Paraguay, pero la empatía de los jugadores depende del impulso que den sus propias instituciones y el carisma que tengan ellos. Y, en esto, España ha ganado la partida a Francia y al resto de rivales. Con permiso de Leo Messi. Obviamente.
