La Copa del Mundo de 2026 se ha destapado como un torneo de emociones fuertes. Empezó siendo el Mundial de las grandes estrellas porque Leo Messi abrió la veda con un hat-trick ante Argelia y le siguieron los pasos Mbappé, Haaland, Vinicius, Harry Kane y Lamine Yamal. Este último, con un papel mucho más discreto a nivel goleador, tan solo marcó en su estreno como titular ante Arabia Saudí. Más fuertes van los otros. Leo suma ocho goles. Mbappé, también. Haaland está en siete. Harry Kane ya lleva seis. Ousmane Dembelé acumula cinco tantos. Por detrás, con cuatro dianas, están Vinicius (ya eliminado), Oyarzabal, Bellingham, entre otros.

Casi un mes después de su inicio, la competición se ha transformado. Empezó siendo el Mundial de las estrellas y se ha convertido en el Mundial de las lloreras. Neymar se despidió entre lagrimones tras ser eliminado por la Noruega de Haaland, justo después de anotar, de penalti, el último gol de una Brasil mediocre en la competición. Cristiano Ronaldo también rompió a llorar cuando cayó derrotado frente a España, presa de la impotencia. Luka Modric, que había caído una ronda antes a manos de su excompañero portugués, también dijo adiós a la Copa del Mundo con los ojos bañados en lágrimas.

Leo Messi todavía sigue vivo en el torneo, pero lloró como un niño, tremendamente emocionado, después de remontar ante Egipto. ¡Ante Egipto! Fue consciente de que todavía le quedaban balas en la recámara, pero por un momento pensó que el cargador estaba vacío. Que se iba a bajar el telón de una gran función que empezó hace más de 20 años.

El Mundial es la competición que mejor simboliza el amor de los futbolistas a su profesión, el amor al fútbol. Aquí no importan tanto los millones que ingresan en sus respectivas cuentas bancarias, sino el legado que dejan. Todos ellos son conscientes de que se les acaba el juego y, después de tantos años cumpliendo el sueño de millones y millones de personas, les toca decir adiós y volver a la vida real. Ahora se trata de ver cómo se despiden. Cómo decir adiós de la mejor manera posible. Con honor.

La mayoría lloran porque ya se van. Otros lloran porque todavía no se han ido. Pero Lamine Yamal no llora. Al menos, todavía. El joven talento de Rocafonda es testigo de excepción del final de las grandes leyendas que marcaron una era gloriosa en el fútbol. La era de Messi y Cristiano ha durado 20 años y el joven Lamine, que no era ni un bebé cuando ellos comenzaron --ahora tiene 18 años--, ha tenido el honor de compartir este Mundial con ellos. Ha tenido la fortuna de medirse a Cristiano Ronaldo y eliminarlo del Mundial con la camiseta de España. Ambos se abrazaron tras el partido en un gesto que ha dado la vuelta al mundo. Tal vez se mida a Messi en la final.

Veremos si España llega tan lejos o sucumbe, antes, frente a Bélgica o Francia. Veremos si España se proclama campeona o pierde. Y veremos si Lamine llora por España en caso de llegar la hora de morder el polvo. O de ganar. En cualquier caso, lo normal sería que él no llore, aunque con el Barça lo ha hecho ya en varias ocasiones.

Lamine ha tenido la fortuna de coincidir con las mayores leyendas, incluido su gran ídolo, Neymar, pero hay una gran diferencia. Su carrera acaba de empezar y tiene todo por delante para disfrutar. Ellos lloran porque se les acaba el show. Lamine empieza y a él no le toca llorar todavía. Le toca divertirse. Le toca ganar y empezar a construir un legado que, tal vez en un futuro lejano, pueda competir con el de los ídolos que ahora se van y le dejan el testigo.