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Mateu Alemany y Deco, en un fotomontaje

Mateu Alemany y Deco, en un fotomontaje MONTAJE CULEMANIA

Hablemos del Barça

'Rocky' Deco contra 'Apollo' Alemany

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Las declaraciones de Julián Álvarez reclamando públicamente su salida del Atlético del Madrid, "para poder cumplir mi sueño", han sido el detonante final para desterrar el hacha de la guerra -aunque nunca se había enterrado del todo- entre el club colchonero y el FC Barcelona. El Atlético ha acusado al club blaugrana de traicionero, torticero, tramposo y manipulador, con la amenaza latente de denunciarlo por negociar con un jugador con contrato en vigor. La amenaza ha ido más allá, hasta el punto de cerrar las puertas a cualquier negociación con la entidad catalana. El Barcelona, por su parte, ha respondido con serenidad, dejando caer la posibilidad de una nueva oferta cercana a los 130 millones de euros por el delantero argentino.

El origen de esta inquina entre ambos club hay que entenderla en el contexto del odio y rencor que se profesan sus protagonistas. Por una parte, el director deportivo del Atlético, Mateu Alemany, y por otra, su homónimo en el FC Barcelona, Deco. Los dos se conocen muy bien: el segundo descabalgó al primero de su cargo en el club blaugrana.

Alemany no perdona ni perdonará cómo le invitaron a salir del Barcelona. Tras un intento frustrado de acabar en el Aston Vila, su regreso a la entidad catalana se vio entorpecida por un Deco envalentonado, que contaba con el total apoyo de Joan Laporta y Alejandro Echevarría. Le quitaron el despacho y le relegaron a funciones casi administrativas. Una situación que el directivo entendió como una humillación, cogiendo las maletas y marchándose sin mirar atrás. El principal afectado de esta situación acabó siendo Xavi Hernández, el entrenador en aquel momento, que tenía plena confianza en Alemany y tuvo que ponerse a las órdenes de Deco, una persona a la que no defendió cuando Pep Guardiola decidió hacer una criba en su primera temporada al frente del primer equipo.

Alemany no traga a Deco y no tuvo reparos en hacer pública su animadversión durante la campaña electoral del FC Barcelona, cuando respaldó las declaraciones de Xavi sobre la posibilidad real del regreso de Leo Messi en el 2023, que acabó descartando Laporta al temer que el argentino le pudiera hacer un pulso.

Estas afirmaciones, a unas semana de las urnas, soliviantaron tanto a Laporta como a Deco, que rápidamente se encargaron de desmentirlas, acusando a Alemany de mal profesional y rencoroso.

Bajo este contexto hay que entender las relaciones actuales entre Atlético y Barça. En este sentido, Enrique Cerezo y Miguel Ángel Marín son meras comparsas, ya que es Alemany quien escribe el guion. Y ahora mismo los renglones están más torcidos que la novela de Torcuato Luca de Tena.

Veremos cómo acaba el culebrón Julián Álvarez y hasta donde llega la decisión del argentino, la resistencia atlética y la persuasión blaugrana. La telaraña que se ha empezado a tejer tiene pinta de estrambótica y desordenada, con muchas páginas todavía por escribir. Pero en el fútbol y hasta que nadie diga lo contrario, la última palabra la tiene el jugador. Y es que, pese a quien le pese, la esclavitud se abolió hace más de un siglo y un trabajador no puede ser obligado a ir a un sitio si no quiere.

Y hasta que sepamos el desenlace final de esta tragicomedia, vamos a proponer desde este modesto rincón una idea al famoso youtuber Ibai Llanos de cara a su próxima velada: un duelo fraticida a cara descubierta a tres asaltos entre Rocky Deco y Apollo Alemany. Y lo de Apollo para el segundo viene que ni pintado...