Mientras el mundo se rinde ante Leo Messi en este Mundial —a sus 39 años sigue decidiendo partidos con una pausa, un regate o un pase que ningún ordenador podría calcular—, en Barcelona los culés seguimos mirando el televisor con una mezcla de admiración y tristeza. Admiración porque el argentino sigue siendo un genio, tristeza porque todo eso podría haber sido azulgrana.

Messi sigue siendo el mejor jugador del mundo. No es nostalgia ni devoción ciega: es aritmética deportiva. Mundiales ganados, Balones de Oro acumulados, registros pulverizados. A una edad en que otros se retiran, Leo reescribe el almanaque. Y Laporta lo dejó marchar dos veces.

La primera, en 2021, cuando la pandemia había dejado las finanzas del club en cuidados intensivos y Laporta había prometido mantener a Leo, que estaba sin contrato y una solución razonable sobre la mesa: un contrato rebajado, proporcional a la realidad económica, que habría permitido al mejor jugador de la historia seguir vistiendo la camiseta que lo hizo inmortal. Laporta eligió decirle adiós. La segunda, en 2023, cuando Messi terminó su frustrado periplo parisino y se moría de ganas de volver al Camp Nou, según le confesó al entonces entrenador, Xavi Hernández. Pero Laporta y su cuñado, Alejandro Echevarría, decidieron que el argentino era un contrapoder en el club que comprometería su autarquía aboslutista.

El error es monumental, histórico. No solo deportivo, sino económico. Messi no es únicamente un futbolista: es el activo comercial más importante que ha generado el deporte mundial y Laporta lo dejó escapar. Ningún jugador arrastra más patrocinadores, más audiencias globales, más camisetas vendidas. Expertos del sector estiman que su incorporación habría catapultado los ingresos del Barça hasta los 1.800 millones de euros anuales, devolviendo al club a los beneficios, ampliando el límite salarial y, de paso, haciendo realidad algo que habría sacudido al fútbol mundial: Messi y Lamine Yamal compartiendo equipo. Una locura hermosa que pudo ser y no fue.

En cambio, cinco años después de su marcha, el Barça sigue haciendo malabares con la inscripción de jugadores, rezando para que alguna lesión abra un hueco en el límite salarial, y ampliando una deuda que ya no sorprende a nadie. Sí, el club ha ganado tres Ligas —fruto de una cantera extraordinaria, la mejor herencia posible—, pero las estructuras económicas siguen crujiendo. Y los errores de Laporta tienen mucho que ver. Desmanteló el talentoso equipo directivo con el que llegó. Ferran Reverter, director general de perfil técnico y gestión profesional, fue uno de los primeros en caer y luego el resto, en un efecto dominó, como sustituir a Jordi Cuyff y Mateo Alemany por Deco.

En cambio, cinco años después de su marcha, el Barça sigue haciendo malabares con la inscripción de jugadores, rezando para que alguna lesión abra un hueco en el límite salarial, y ampliando una deuda que ya no sorprende a nadie. Sí, el club ha ganado tres Ligas —fruto de una cantera extraordinaria, la mejor herencia posible—, pero las estructuras económicas siguen crujiendo. Y los errores de Laporta tienen mucho que ver. Desmanteló el talentoso equipo directivo con el que llegó. Ferran Reverter, director general de perfil técnico y gestión profesional, fue uno de los primeros en caer y luego el resto, en un efecto dominó, como sustituir a Jordi Cuyff y Mateo Alemany por Deco.

Este año, la plantilla ha perdido a Lewandowski y Rashford, y se habla de un interés por vender a Raphinha al Al Hilal Saudí. O sea, en la banda izquierda se cambiará a Rashford y Raphinha por Gordon —un melón por abrir— y a la recuperación de Jan Virgili. Hansi Flick pidió refuerzos con experiencia: laterales contrastados, un central zurdo experimentado y un delantero centro resolutivo.

EL Barça está pagando la ingenuidad de descubrir públicamente sus objetivos y de retransmitir temerariamente las negociaciones en lugar de la ejecución discreta. Cucurella era una opción sólida pero se esperó y se lo llevó el Madrid. La otra opción, Grimaldo está a un pasó del Atlético. Los dos, culés y querían volver. Bernardo Silva estuvo tres semanas negociando con el Barça pero se lo ha acabado llevando el eterno rival. De Julián Alvarez se filtró que ya casi estaba en el aeropuerto del Prat con la bufanda culé cuando su fichaje e inscripción están casi imposible. Además, que la estrategia de tocar a jugadores ajenos e instarles a que presionen a sus clubes para forzar sus salidas, en lugar de dirigirse a sus entidades, y negociar con ellos directamente está generando fricciones innecesarias con el Athletic, el Atlético o la Real Sociedad. ¿Qué diríamos si el PSG estuviera “tocando” a Lamine Yamal instándole a que forzara su salida sin hablar con el Barça?

En fin que duele que Messi sigue siendo el mejor del mundo con la camiseta de otro club que está capitalizando su éxito deportivo, comercial y económico mientras los culés no le hemos podido despedir ni homenajear como se merece. El mayor error de la historia de un presidente del Barça. Y preocupa que a Deco se le vayan escapando las buenas operaciones de mercado cuando Flick ha solicitado el fichaje de cracks para aspirar a la Champions. Después de dos ligas, el riesgo es caer en la autocomplacencia que ya pasó del 2006 al 2008 tras ganar la Champions en París.