Lamine Yamal no tuvo el estreno deseado en un Mundial. Llegaba a la cita con la vaselina aún exudando en sus poros, tras una recuperación a contrarreloj de una lesión en los isquiotibiales, con las ansias de un chaval de 18 años y la adrenalina empujando sin control. El escenario tampoco era el idóneo, con el equipo empatando a cero contra un rival muy inferior, y a falta de poco más de veinte minutos para el final. Lamine hizo lo que pudo dadas las circunstancias, intentando desequilibrar en su banda derecha con más o menos acierto, monopolizando prácticamente todo el juego ofensivo. No acabó de encajar con Marcos Llorente ni tampoco le supieron leer las jugadas sus compañeros, pero esto no acaba más que empezar.

Algunos, curiosamente la mayoría madridistas recalcitrantes, hablaban ya abiertamente de decepción a la hora de valorar la actuación ante Cabo Verde de Lamine Yamal. Son los mismos que llevan tres años rabiando ante un talento descomunal que ha nacido en La Masía, viendo cómo un púber les arrebataba de las mismísimas narices tres Ligas prácticamente casi de carrerilla. La inquina les impide ver más allá de los árboles, aprovechando cualquier circunstancia para menospreciar a un jugador del Barcelona, que se ha convertido en una estrella mundial, cogiendo el relevo de Leo Messi.

Un Messi, por cierto, que ha llegado al Mundial con ganas de seguir disfrutando en el trono. Su aparición en su estreno, ante Argelia, fue apoteósica, firmando un hat-trick, que le ha servido para igualar al alemán Miroslav Klose como máximo goleador en los Mundiales, con 16 tantos. Tampoco se han quedado atrás otras estrellas que se postulan en el trono de mejor jugador del mundo, como Kylian Mbappé y Erling Haaland, firmando un doblete.

Es verdad que Lamine no tiene el gol entre ceja y ceja, por lo que seguramente acabará siempre perdiendo este tipo de comparaciones con estos delanteros 'top', pero cuenta con otras virtudes que pocos atesoran a este nivel. Su capacidad de regate, desequilibrio, potencia, velocidad, desmarque y visión de juego son únicas. Ningún futbolista actual aglutina tantas virtudes en su juego ni por asomo. Quizás el único que se le acerca, pero aún a distancia, es el francés Michael Olise. El resto, incluido otro francés de un talento descomunal, como Désiré Doué, van detrás del carro.

Si alguien cree que Yamal se va a quedar de brazos cruzados esperando pasar esta oportunidad es que no le conoce ni por asomo. Ante Cabo Verde no vimos a Lamine, vimos a un futbolista que llevaba ocho semanas sin jugar, con el freno de mano puesto, aún pensando en su lesión en los isquiotibiales. Este domingo será diferente, aunque no veremos a Lamine aún al cien por cien, va a jugar más minutos, quizás incluso empezando desde un inicio, habiendo sumado más entrenamientos y cargas de trabajo.

Dicen los que le conocen que esto no ha hecho más que comenzar, que cada día está más convencido que va a ser su Mundial y que no estamos preparados para lo que vamos a ver en los próximos días. Lamine se presenta ahora mismo con rostro serio, focalizado en su profesión y en recuperar su mejor versión. Quizás contra Arabia empiece a recuperar la sonrisa y ante Uruguay se transformen ya en carcajadas a mandíbula batiente. Lo importante es que, de aquí al 19 de julio, no deje de reír. Emulando aquella ínclita pancarta que apareció en el Bernabéu en apoyo de José Mourinho en su deleznable acción contra Tito Vilanova: Tu sonrisa (dedo) nos señala el camino.