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Cucurella, con la selección española

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Hablemos del Barça

Cucurella, no me sorprendes

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Marc Cucurella vive con una parte de resquemor hacia el Barcelona. De entrada, porque ha renegado de sus raíces y la catalanidad que desprende representar a este club. Pese a ser de Alella y el amor que tenía su abuelo por los colores azulgranas, nunca acabó de identificarse con estos valores. A la vez, también es cierto que nadie le regaló nada. Volviendo a su abuelo, este era el que se encargaba de llevarlo cada mañana a la Masia para desarrollar una carrera en la que confiaban muy pocos. Alella es un pueblo pequeño al lado de Barcelona, con una renta por cápita elevada y donde todos se conocen. Pese a ello, Marc no formaba de este sector más reducido, exclusivo y un tanto cacique que tienen ciertos pueblos con este perfil. Y, este tema, deja huella.

Si salimos del pueblo y nos adentramos en el club, aquí tampoco encontró el cariño que quizás buscaba. Cucurella forma parte de aquél mítico Barça B que lo ganó todo. Al frente, estaba como directivo el fallecido Jacint Borràs. El exfundador, a la vez, de Convergència i Unió, peleó para devolver al Barça B su nombre auténtico, el Barça Atlètic y supo defender el valor de unos canteranos que después hicieron carrera. Cucurella, pero también Adrià Ortolà, Sergi Palencia, Juan Miranda, Riqui Puig, Carles Aleñà, Sergio Gómez y Marc Cardona, entre otros. Quizás, es cierto, que Cucurella no estuvo en el momento adecuado de la historia y también que se equivocaron con él, igual que erraron con Riqui Puig al alza. Pero el pasado, como siempre decimos, es historia.

Saber entender los tempos de la vida y adaptarse a ellos es importante. La conversión que ha hecho, desde su ámbito de vida más personal hasta el profesional, renegando de sus orígenes es extremadamente exagerado. Salir en el último anuncio de Estrella Damm es una incongruencia, mucho antes de que oficializará, en menos de una semana después, su fichaje por el Madrid. Como bien he leído en redes sociales, Cucurella empieza el verano tomándose una Damm y acaba con una Mahou.

De una persona que admite que se tatuará la cara de su seleccionador si gana el Mundial, solamente puedes esperar absurdidades. Que le vaya bonito por Madrid y que encuentre el cariño que no le supieron dar en Barcelona o él no quiso entender.