A principios de 2023, el entonces vicepresidente del área económica del FC Barcelona, Eduard Romeu, y la responsable de Finanzas, Maribel Meléndez, presentaron a bombo y platillo el presupuesto del Espai Barça que, según se dijo en aquella rueda de prensa, sería de 1.150 millones, incluidos 200 para posibles desviaciones y otros 200 para pagar intereses. Total, 1.450 millones, cantidad que quedaba dentro del límite de gasto aprobado por la asamblea de compromisarios, que fue de 1.500 millones.
La anécdota de la reunión llegó cuando a un periodista se le ocurrió preguntar qué cantidad se destinaba al nuevo Palau Blaugrana, al Palau Petit y a la Pista de Gel, construcciones que debían englobarse en la cantidad total, amén del hotel, las oficinas y el acondicionamiento de los nuevos accesos y el entorno. No era gratuita tal pregunta porque la asamblea de compromisarios, cuyos acuerdos son de obligado cumplimiento para la directiva, aprobó dichas construcciones, que fueron obviadas sin que nadie pudiera explicar por qué.
Cabe decir que ni Romeu ni Meléndez siguen en el club, como tampoco Jordi Llauradó, el directivo que responsable del Espai Barça. Éste dimitió poco después de que fuera desautorizado, ya que, frente a la UTE de empresas de primer rango catalanas y españolas, que él eligió para afrontar tan magna obra, por la trastienda le hicieron la cama para adjudicar las obras a una desconocida empresa turca, inexperta en la materia, llamada Limak, porque según dijo el presidente Laporta, presentó la oferta más barata y más rápida en la ejecución de las obras.
Se despreció así el proyecto de los japoneses Nikken Sekkei, una empresa de primera fila mundial, que no contemplaba el traslado al estadio de Montjuïc para ejecutar el proyecto, lo que debía durar cuatro años y que se basaba en igualar la altura del estadio, a base de suprimir la visera de la tribuna principal.
Los plazos y el presupuesto del nuevo proyecto han pinchado. Limak admite un año de retraso en las obras (aunque no pagará la multa de un millón de euros por cada día de retraso, lo que está recogido por contrato) y el presupuesto se ha consumido cuando no se ha realizado ni la mitad de las obras, entre lo que destaca, además de los recintos citados, la colocación de la cubierta que obligará a volver a Montjuïc al menos durante medio año en la temporada 2027-28. La previsión es de cinco años largos, si no hay más inconvenientes que superar y sin Palau Blaugrana y demás construcciones adyacentes.
Laporta pedirá a la asamblea que el club se endeude entre 300 y 400 millones más, cuando toda la planificación económica ha sido ocultada a los socios desde el primer día. Por no saber, no saben ni qué bancos dejaron los 1.450 millones, a través de Goldman Sachs, a qué interés y a partir de cuándo se tendrá que devolver el capital. Se sabe que la última maniobra para obtener más rendimiento fue la de acudir a la bolsa de Viena (?) para constituir un fondo de titulización, a fin de tener un mayor rendimiento económico, aunque el éxito o fracaso de esta maniobra tampoco se sabe. Los socios compromisarios volverán a decir “sí” a ciegas, una vez más.
La nueva operación de endeudamiento llevará el coste del proyecto hasta casi 2.000 millones… siempre y cuando no haya más desviaciones. El obligado retorno a Montjuïc supondrá otro serio revés para el presupuesto ordinario, muy deteriorado en ejercicios precedentes por los más de 220 millones reconocidos como pérdidas que ha supuesto.
Hace un año, a 30 de junio, según la auditoría del club, las pérdidas acumuladas desde marzo de 2021 ascienden a 277 millones (sin contar las ventas de activos); el pasivo sin Espai Barça, de 1.700 millones y de 4.200 con Espai Barça; el fondo de maniobra es negativo por -266 millones y también el patrimonio neto, por -153 millones. Esto último motivó en 2025 una multa de 15 millones por parte de la UEFA, con una multa previa de 500.000 euros, que el club recurrió y acabó perdiendo ante el TAS.
Y ahora toca llamar las puertas de Goldman Sachs (o de quien sea) para engordar más una situación de endeudamiento que no me atrevo a calificar. De momento, crucemos los dedos para que no nos cierren el grifo del dinero… mientras se por otro lado el club ofrece centenares de millones por posibles fichajes.
