Comienza el Mundial de México, Canadá y Estados Unidos, una edición que pasará a la historia por muchas cosas: más selecciones, más partidos, más sedes, más kilómetros y, probablemente, más horas delante de la televisión. Todo es más grande. Ahora bien, la pregunta es inevitable: ¿será también mejor?



La FIFA ha decidido ampliar la fiesta hasta los 48 participantes, abriendo las puertas a debutantes como Cabo Verde, Curazao, Jordania o Uzbekistán. Es una gran noticia para estos países y para la globalización del fútbol pero, al mismo tiempo, resulta curioso ver cómo selecciones con una enorme tradición como Italia, Dinamarca o Ucrania se han quedado por el camino. El Mundial gana en geografía, pero no en competitividad.



Una cosa es sumar partidos y otra muy distinta sumar emoción. Más minutos de fútbol no garantizan más espectáculo. En cambio, sí aseguran más desgaste para los jugadores, más saturación en el calendario y más probabilidades de lesión.



Quizá es que algunos somos más románticos. De los que ya no iban bien los Mundiales de toda la vida y que, por cierto, hasta ahora habían funcionado de maravilla. Quizá es que el fútbol moderno confunde a menudo cantidad con calidad. De momento, sin embargo, no nos vamos a poner a criticar una cita histórica que llevamos cuatro años esperando. ¡Que ruede el balón y que empiece el espectáculo!

Julián no es Figo

La oferta de Florentino Pérez por Julián Álvarez ha provocado más dudas que ilusión entre el madridismo. Durante la última semana, las informaciones apuntaban hacia perfiles como Olise o Vitinha, operaciones que encajaban mucho más con las necesidades deportivas y el discurso que se había ido construyendo en la Casa Blanca. Por eso, la aparición repentina de Julián, ha dejado una sensación de insatisfacción e incluso engaño en buena parte de los socios blancos.



Además, se trata de una operación que ya nace prácticamente condenada al fracaso. Pensar que el Atlético aceptará negociar con normalidad por su gran estrella con su eterno rival es una hipótesis muy poco realista. La rivalidad entre ambas entidades convierte a cualquier movimiento en una misión casi imposible, independientemente de la magnitud de la oferta.



Esta maniobra también pone de nuevo bajo el foco la credibilidad y la hoja de ruta del nuevo mandato de Florentino. Sin embargo, desde la perspectiva azulgrana la irrupción del Madrid puede tener también una lectura positiva.



Y, finalmente, sería importante que Julián Álvarez hablara y alzara la voz. Si el delantero manifiesta claramente su voluntad, podría ser el factor determinante para desatascar una operación que a día de hoy parece seguir completamente bloqueada.

Florentino y una victoria por inercia

La victoria de Florentino Pérez en las elecciones del R. Madrid no sorprendió a nadie. Tal y como apuntaban todos los pronósticos, el presidente blanco revalidó su cargo con comodidad ante Enrique Riquelme. Su figura sigue asociada a una etapa de éxitos deportivos que, guste o no, todavía cala entre los socios madridistas.



Ahora bien, el resultado no debería hacer pasar desapercibido el papel de Riquelme. Pese a la derrota, su candidatura ha tenido el mérito de demostrar que existe espacio para una alternativa y que uno de cada tres socios está dispuesta a escuchar un discurso diferente. En este sentido, más que una derrota definitiva, quizá sea necesario interpretarla como la semilla de un proyecto de futuro. Esperemos que no tengan que pasar 20 años más.



Desde la perspectiva blaugrana, la continuidad de Florentino tampoco me parece una mala noticia. El presidente madridista ha tenido grandes momentos pero la sensación también es que su figura ha ido a la baja en las últimas temporadas y que ya no es lo mismo hace unos años. Su ciclo seguirá pero esto no garantiza que el futuro sea igual de satisfactorio que su pasado.



Enhorabuena a un Florentino que cuando convocó las elecciones pensaba que no llegaría a poner las urnas.