Araujo, contra el Valencia EFE
Que un jugador decida meterse veinte mil kilómetros entre pecho y espalda para recibir un tratamiento de unas horas en el sóleo a falta de cinco días para empezar la competición no parece la mejor de las decisiones, pero con Ronald Araújo todo es posible. Veremos si el resultado de este viaje relámpago a Madrid -se trató con un recuperador ajeno al FC Barcelona- tiene efectos positivos en la evolución de la lesión del jugador charrúa, pero a priori parece una decisión tan errática como evitable. Ningún médico recomendaría a un lesionado cruzar el Atlántico en menos de 24 horas para someterse a una terapia de choque de unas pocas horas. Sin embargo, el seleccionador, Marcelo Bielsa, dio el visto bueno a esta decisión del capitán, por lo que en principio habrá alguna justificación lógica, aunque desde aquí parezca más una cortina de humo que otra cosa.
Desgraciadamente, no es la primera vez que Araújo se ve inmerso en una situación anómala, que acaba repercutiendo en su rendimiento. Tras su nefasto partido ante el Chelsea en la liguilla de la Champions, donde acabó expulsado por una entrada a destiempo a Marc Cucurella, el defensa uruguayo se vio obligado a hacer un 'reset' de dos meses por problemas de salud mental. Un tiempo que dedicó para conocerse mejor a sí mismo e incluso reforzar sus convicciones religiosas, viajando a Israel y visitando los enclaves más emblemáticos de Jerusalén.
Desde entonces, su presencia en el equipo se ha ido espaciando de forma alarmante, hasta el punto de acabar jugando más de lateral derecho que de central, evidenciando claramente sus problemas de encaje en la pizarra de Hansi Flick. Su aportación, en este final de temporada, fue más relevante dentro del vestuario, ejerciendo de capitán, que sobre el terreno de juego, donde ahora mismo es el cuarto central de la plantilla, por detrás de Pau Cubarsí, Gerard Martín y Eric García, que bien podría acabar siendo el quinto, a poco que Andreas Christensen acabe superando, de una vez por todas, su fragilidad muscular.
Como capitán, tanto en el FC Barcelona como en Uruguay, Araújo ha demostrado ser un jugador ejemplar, siempre dispuesto a ayudar al compañero y aportar su granito de arena al colectivo. Pero su influencia se queda allí, entre las cuatro paredes del vestuario: en el campo no se refleja en ningún caso.
En el Barcelona está claro que no entra en los planes de Flick. Su juego es diametralmente opuesto a las necesidades tácticas en la retaguardia del técnico alemán, mientras que con Bielsa también tiene claros problemas de encaje en un sistema tan dinámico. Si Ronald estuviera mejor asesorado, seguramente alguien le diría las cosas claras, dejándole claro que hay vida más allá del Barcelona, y que en otros escenarios su juego se multiplicaría exponencialmente, como por ejemplo en el Calcio, donde las defensas juegan mucho más cerca del área y tiene menos metros que recorrer a sus espaldas.
El primero de sacarle los colores, aunque de forma involuntaria, fue Luis Enrique, en su documental No tenéis ni p... idea, donde en una de la charlas previa al partido de vuelta de la Champions ante el Barcelona, el técnico del PSG recalcó las carencias del uruguayo para sacar el balón, "tenéis que flotarlo porque es el jugador de menos calidad del Barcelona con el balón", un argumento que posteriormente se cumplió a rajatabla sobre el campo, con la pérdida de balón en uno de los pases y su posterior expulsión en el intento de rectificar su acción.
Ahora mismo, Araújo tiene en vilo a todo un país, ya que nadie sabe si su tratamiento exprés en Madrid le servirá para jugar el primer partido contra Arabia Saudí o tendrá que esperar unos días más. En todo caso, un capitán tendría que medir mejor sus acciones, ya que ahora mismo la imagen de los fisios de la selección charrúa y del galeno se han visto seriamente debilitadas por una acción tan impetuosa como innecesaria. Es lo que tiene ser un capitán sin rumbo.