Vedat Muriqi celebra su gol contra el Real Madrid en Son Moix EFE
Muriqi, el Pichichi sin penaltis que superó a Mbappé, es la gran ocasión del mercado
El Barça ha comenzado a moverse pronto por el mercado, que en este verano promete explotar, en función de los héroes que sean protagonistas del Mundial. El primer fichaje para 2026/27 ha sido el del extremo del Newcastle Anthony Gordon, que juega a pierna cambiada y destaca por su movilidad, polivalencia en ataque, velocidad y capacidad para presionar, como vimos en los tres encuentros contra los azulgrana de las dos últimas Champions.
Thomas Tuchel, seleccionador inglés, ha prescindido de jugadores como Cole Palmer, Phil Foden y Trent Alexander-Arnold, que parecían fijos en la lista de 26. Pero no se ha olvidado de Gordon. Ni de Rashford, aunque el futuro de éste parece comprometido si el Manchester United no rebaja su precio.
La idea de Deco, el director deportivo, es buena. A sus 25 años, Gordon reúne todas las condiciones para ser una de las estrellas de La Liga. Los proyectos de contratar a Julián Álvarez o a Joao Pedro, tasados en cantidades que oscilan los 100 millones, son inalcanzables para un Barça que camina hacia su sexto año con dificultades para cumplir con el Fair Play Financiero (porcentaje de la masa salarial sobre el total de gastos) y la norma del 1:1 (fichar por el mismo importe que se vende). Gastar casi 200 millones en fichajes hacer saltar la pregunta: ¿de dónde sale tanto dinero si el Barça genera pocos beneficios, eso cuando los genera, que no es lo habitual?
Cierto es que Lewandowski ha liberado una importante cantidad en el capítulo de salarios (unos 37 millones), pero la cantidad referida solamente se puede gastar si se consiguen ventas por, al menos, 150 millones. Puestos a elucubrar, quizá Darren Dein haya ayudado renunciando a aquella estratosférica comisión de 50 millones.
En esta tesitura, pensamos que, antes de gastar tanto dinero por Julián Álvarez, una solución “puente” sería el kosovar Vedat Muriqi, delantero centro del Mallorca, que ha descendido a Segunda. Muriqi sería una alternativa a la espera de mejores tiempos para abordar operaciones que ahora tienen un precio inasumible. O a la espera de que madure Abdelkarim Hamza, el egipcio de 18 años que estará en el Mundial, y que ha deslumbrado este final de temporada en el fútbol base.
Hablamos de Muriqi como solución “puente”, porque su fichaje no supondría un gran desembolso y a sus 32 años todavía tiene mucho fútbol y goles. Sin ir más lejos, esta temporada ha sido el “Pichichi sin penaltis” en la Liga recién terminada, ya que sin esos goles a balón parado los 25 de Mbappé se hubieran quedado en 17, mientras que los 23 de Muriqi se quedarían en 18. Uno más. Toda una hazaña en un equipo que perdió la categoría. Julián Álvarez acabó la Liga con 8 goles, de los cuales, solamente 4 de jugada. Los otros 4 fueron de falta y de penalti; dos de cada. Ferran Torres acabó con 16, todos de jugada.
Con 32 años recién cumplidos, Muriqi aportaría, sobre todo, un potente juego aéreo (mide 194 cm), gran envergadura y una probada facilidad rematadora con ambos pies, requisitos necesarios también para desencallar encuentros cuando el rival se encierra en el área. O sea, una alternativa a lo tradicional.
Hansi Flick, que ha conocido en su país jugadores de similares características, como fue el gigantón llamado Horst Hrubesch, seguro que sabría sacarle un excelente rendimiento. 23 goles en el Mallorca serían 46 en el Barcelona, tanto por la calidad de los compañeros como por el estilo atacante del equipo.
En otras palabras, se trata de una gran ocasión de mercado. Su cláusula, que era de 30 millones, habrá bajado tras un descenso que complica no poco la economía del club balear. Tras el fichaje de Gordon, Muriqi supone una alternativa a considerar porque la millonada que hay que habrá que pagar por Álvarez parece prohibitiva por desproporcionada.
Sobre todo, si consideramos que, tras aniquilar la sección de baloncesto, el laureado fútbol femenino del Barça está en el mismo proceso, con las salidas de Alexia, Mapi León y Ona Batlle.
O somos pobres, como parece para según qué; o somos ricos como no parece para según qué.