Hansi Flick y Laporta EFE
"El Barcelona es una trituradora de personas". Esta frase la pronunció Xavi Hernández en su última temporada en el banquillo, cuando le caían palos por doquier, mientras el equipo se le caía como un castillo de naipes. "Ser entrenador del Barça es desagradecido, se sufre por todo", insistía el técnico egarense a pocos días de confirmarse su despido al frente del FC Barcelona, tras haber completado poco más de dos años y medio en la entidad catalana.
De hecho, tres años es la duración máxima de los últimos responsables del banquillo en can Barça. Ni Luis Enrique, con en triplete bajo el brazo en su primera temporada, aguantó más, ni tampoco Ernesto Valverde, pese a conquistar dos Ligas, y ya no digamos Ronald Koeman y Quique Setién, de paso efímero por estos lares.
El último que aguantó un ciclo de más de tres años fue Pep Guardiola, que fue capaz de sostenerse al pie del cañón durante cuatro temporadas. El de Santpedor, que conquistó dos Champions y tres Ligas en su etapa dorada, abandonó el club dejando para el recuerdo un polémico epitafio: "Me he vaciado del todo y me marcho antes de que nos hagamos daño". Una frase con claras connotaciones de cansancio, desgaste y fin de ciclo.
Ahora. Hansi Flick va a renovar hasta el 2028, más la posibilidad de uno más opcional, es decir, hasta el 2029. Si completa este acuerdo hasta el último día habrá cerrado un ciclo de cinco años, superando incluso a Pep Guardiola, aunque aún muy lejos del récord de Johan Cruyff, que fue capaz de aguantar hasta ocho temporadas al frente del equipo, pese a su distanciamento público con Josep Lluís Núñez.
Lo cierto, y siendo realistas, parece muy complicado que Flick acabe completando un ciclo de un lustro al frente del club. Y es que tras estos dos primeros años, el técnico alemán ya ha enviado algunas señales sobre su futuro a largo plazo. La primera es que el Barcelona será su último club de su carrera, la segunda que su objetivo es ganar la Champions y la tercera es que la exigencia de su cargo tiene un coste personal.
A sus 61 años, Flick está gestionando el vestuario con una maestría inusitada, sin ruido ni estridencias, bendecido por un vestuario entregado y un entorno tibio, y con el apoyo incondicional del presidente Joan Laporta. Y aun así ha tenido que lidiar con alguna controversia, como los palos en la rueda del club a la hora de fichar a Thiago Alcántara este verano o sus lamentos públicos hacia los responsables de la preparación física.
Pese a todo ello, ahora mismo se encuentra en el ecosistema perfecto -siempre y cuando los refuerzos acompañen este verano- para asaltar el gran objetivo, el sueño de todos los culés, la Champions. Un trofeo que hace más de once años que se les resiste a los blaugrana.
El día que se levante la 'Orejona' puede ser el primero de la cuenta atrás de Flick al frente del Barcelona. Y si no se consigue, puede que se adelante incluso su jubilación, porque ya se sabe que en el mundo del fútbol la memoria es tan corta como selectiva.