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Los jugadores del Barça celebran el gol de Lewandowski

Los jugadores del Barça celebran el gol de Lewandowski EFE

Hablemos del Barça

Con prudencia e ilusión, paso al campeón

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Ha llegado el día, hoy el Barça puede llevarse su 29 título de Liga y no existe rival mejor ante el que conseguirlo que el Real Madrid.

Seguramente este Clásico llega en un momento extraño, por la situación que vive internamente el conjunto blanco y la distancia que separa a ambos equipos, lo que es posible que haya provocado un exceso de euforia comprensible en la afición blaugrana, que espera una gran victoria en un partido que es siempre difícil e imposible de prever.

Es evidente que el Barça llega al gran partido del Camp Nou en una muy buena posición, líder con once puntos de ventaja y la posibilidad de sentenciar el título de Liga a falta de tres jornadas, sabiendo incluso que un empate le vale para cantar el alirón y llevarse el trofeo más importante del curso, el que certifica el mejor equipo y el más regular, y es evidente que conseguir este logro ante el eterno rival en casa es demasiado bonito como para no atrevernos a soñarlo, con Arbeloa y Vinicius a la cabeza.

En catalán decimos “no diguis blat fins que no sigui al sac i ben lligat”, y como en todos los partidos, primero hay que jugar y luego, si todo va bien, celebrar, por lo que hay que tener muy claro que no se ha ganado el título todavía y que el Madrid, con todos sus problemas internos, será un rival difícil, pues para el conjunto blanco también sería ideal poder evadirse de todo lo que les ha ocurrido con una victoria en el Clásico que impida la gran celebración blaugrana.

Toca centrarse en un partido importante aunque no definitivo, pues el Barça puede llevarse el título de Liga el miércoles sin ningún problema, teniendo muy claro que el objetivo hoy es asegurar el título y la victoria en el partido más importante que habrá visto el nuevo Camp Nou desde el regreso del equipo, y que puede presumir si todo va bien, de la primera gran celebración, que puede ser histórica porque sería el primer Clásico que daría un título de Liga.

Evidentemente es el momento de aprovechar la debilidad del Real Madrid, que ha vivido una de las peores semanas de su historia reciente, para dejar tocado a un equipo que divaga sin rumbo, en un mar de dudas, con un entrenador que tiene las horas contadas y unos jugadores señalados y en la rampa de salida, el contexto perfecto para que el Barça pueda hacer sangre y convertir el Clásico en la puntilla final al Madrid de Arbeloa, que podría vivir en directo la celebración del título del rival al que tanto ha faltado al respeto en rueda de prensa.

Lejos queda el debate estéril sobre un pasillo que ni se ha producido ni se iba a producir, por lo que toca centrarse en los 90 minutos que se acercan, el momento de ambos conjuntos, sus peligros, las bajas y, también, dos estilos y modelos que chocan mucho más allá de un simple partido de fútbol, y a partir de allí, disfrutarlo al máximo y poderlo convertir en una gran fiesta que recordaremos durante años.

Pase lo que pase toca poner las notas a final de curso, siendo autocríticos pero también sinceros, porque no es nada fácil ganar tres de las últimas cuatro Ligas en la situación que tenía el Barça y hacerlo con un equipo tan joven y con tantas ganas de dar alegrías a una afición que se lo merecía.

Hoy toca luchar para ganar en nombre de todo el mundo barcelonista, de una forma de ser, un modelo; un orgullo que intentan manchar día tras día con toda la maquinaria; la Masía i el sentimiento culé, y una vez conseguido, celebrar como toca el título por la ciudad de Barcelona. Será entonces cuando tocará sentarse en el sofá (como Xabi Alonso hoy) y disfrutar de tres jornadas de Liga de infarto con el descenso en juego mientras se trabaja en el futuro y la próxima temporada, pues como decía Pep Guardiola “tot guanyat, tot per guanyar”.

Hoy es el día, hoy toca cerrar la Liga, con prudencia e ilusión queremos ver al Barça campeón.