La intención de este artículo no es polemizar sobre el surrealista comunicado médico que emitió el club respecto a la lesión de Lamine Yamal, en la que por primera vez en la historia se hacía referencia a una competición que no jugará el Barça, en este caso el Mundial, ni de abrir especulaciones sobre el motivo por el cuál se ha elegido "el método conservador", dando a entender que estuvo sobre la mesa la opción de pasar por el quirófano, sino de dar unas pinceladas sobre qué ocurrirá cuando el joven talento blaugrana se incorpore a la concentración de la selección para seguir con su recuperación.
Ateniéndonos exclusivamente a los últimos antecedentes, parece más que evidente que Luis de la Fuente no se irá por las ramas y si necesita al jugador, lo forzará. No hay que olvidar que llegó a jugar infiltrado un amistoso en Turquía hace menos de seis meses, con la aprobación absoluta del seleccionador y el consentimiento de los servicios médicos, con Oscar Celada, médico del Atlético de Madrid, al frente. Los mismos, que hace dos años y medio devolvieron a Gavi con una grave lesión de cruzados, que le acarreó casi trece meses de inactividad. Por el camino también volvieron lesionados jugadores como Ferran Torres y Dani Olmo. Con semejante bagaje, es normal que en el FC Barcelona exista una honda preocupación sobre la forma que se gestionará desde la selección el regreso de Yamal a los terrenos de juego.
El problema es que el tiempo corre en contra de Lamine. Se ha filtrado desde diversas fuentes que el tiempo mínimo de baja serán seis semanas, prácticamente coincidiendo con las puertas del estreno de España en la cita mundialista, prevista el 15 de junio contra Costa Verde. En principio, un partido asequible para La Roja, pero que necesitaría la participación de unos minutos de Lamine, sobre todo pensando en el encuentro contra Uruguay del 27 de junio, donde estará en juego seguramente la primera plaza del grupo.
Con el calendario en la mano parece muy complicado que Lamine esté al 100% en el estreno mundialista: se cumplirían exactamente las seis semanas. Y es aquí donde habrá que estar muy pendientes sobre la gestión con Yamal, porque lo que está claro es que si han de forzar, lo harán. O al menos los acontecimientos del pasado corroboran esta hipótesis.
Y si se fuerza, el riesgo de una recaída en un jugador de las características del crack blaugrana --explosivo, potente y con cambios de ritmo continuos-- es altísimo, tal como adelantó el médico Pedro Luis Ripoll, en la cadena SER, pronosticando "un 30% de riesgo".
Así pues, con todos estos imponderables sobre la mesa, es evidente que este verano la amenaza de una tormenta perfecta es totalmente factible: una lesión del altísimo riesgo de recaída, amenizada con las ganas de Lamine de jugar y ganar un Mundial y con unos técnicos con pocos miramientos a la hora de avivar el fuego.
No se trata de ser pájaro de mal agüero, pero quien avisa no es traidor: una recaída podría suponer la afectación en el tendón proximal y su paso por el quirófano, con un tiempo mínimo de baja de cuatro meses.
Crucemos los dedos, pues, y esperemos que al final todo salga bien, con un Yamal levantando los seis kilos que pesa el trofeo el próximo 19 de julio en el Metlife Stadium de New Jersey, y con el Barcelona sacando pecho por tener a un buen puñado de campeones del mundo en sus filas.
